Cuentos de Mila


La Paca
Julio 29, 2008, 2:34 pm
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Paca estaba de muy buen ver.
Eso es lo que pensó “El Chato“cuando  la vio entrar en su ferretería.
- El bombín de la cerradura se me ha roto, necesito que me lo cambies -, le oyó decir a Paca mientras la cerradura quedaba sobre el mostrador.
- Avísame cuando este arreglada- añadió, y con una amplia sonrisa en su rostro salió.
- “El Chato “sopló, al coger la cerradura con sus grandes manos se dio cuenta de que éstas las tenía completamente sudadas.
- Tiene roto el bombín de su cerradura – se dijo por lo bajito.
- Tiburcio, “el  flaco “ – Tibur para los amigos – olió la entrada de Paca en la frutería antes de verla, ésta que olía a membrillos en un instante había pasado de la fruta a las flores, esto es por  lo menos lo que percibió Tibur “el flaco.”
- Quiero dos plátanos grandes y maduros – pidió Paca mientras con las dos manos indicaba el tamaño de éstos.
- Las rodillas de Tibur “el flaco” tambalearon, el tamaño de los plátanos que le pedía Paca no estaban dentro de sus posibilidades.
- Tengo más pequeños, – se oyó decir en un susurro – pero,…. son gordos y maduros.
- De acuerdo, si están en su punto, me valen.
- En su punto están, – le dijo Tibur “el flaco “- ya más seguro de sí mismo.
Cuando la Paca salió la frutería volvió a oler a membrillos, pero al frutero le seguían temblando las rodillas.
-  Quiere dos plátanos en su punto – se decía por lo bajito Tibur “el flaco”, Anselmo estaba en la puerta de su carnicería cuando la vio cruzar la plaza, se dirigía hacía él como una diosa.
-  Buenos días Anselmo, ¿tienes rabo?,… – le preguntó Paca sonriente –
-  Todo el que tú quieras -, le contestó Anselmo el carnicero mientras se hacía a un lado para dejarla entrar.
-  Quiero, uno grande.
-  Anselmo que era un fanfarrón  no se dejó impresionar por la petición y levantando del estante un hermoso rabo se lo ofreció.
- Este, te resultará muy sabroso –
-  Ese quiero, – contestó Paca complacida por su compra –
- Mientras lo troceaba Anselmo murmuraba entre dientes: – Quiere un sabroso y grande rabo de mi carnicería –
Con éste bajo el brazo y una picaresca sonrisa Paca se despidió. Al pasar frente a la Farmacia de pronto recordó: – Necesito vaselina – y con paso decidido la puerta de la farmacia abrió.
- Txepe el farmacéutico nació sietemesino y a sus 40 años seguía siéndolo, todo en él  parecía necesitar un hervor para completar.
- Al oír la puerta levantó la vista y viendo entrar a la Paca se atragantó.
- Tosió,… intentó tragar saliva y rojo como una amapola balbuceó….
- - Hola  Paca…..
- Buenos días Txepe, ¿me das una caja de vaselina grande?….
- Las gafas se le habían nublado, quizás del ahogo que tenía apenas la veía, pero la sentía tan próxima que mecánicamente le entregó lo que le pedía.
- Es eficaz contra las irritaciones y le sienta bien a mis labios y zonas delicadas -, le explicó Paca.
- Txepe, sordo, ciego y mudo solo piensa: – Necesita mi vaselina -Se despedía  del farmacéutico cuando sonaron doce campanadas en la torre de la Iglesia, era la hora del Ángelus, y como mujer devota entró a rezar a la Virgen de los  Desamparados.
- Al salir, se cruzó con el joven cura que desde hacía dos meses ejercía de Párroco, a la espera de que  Don Cosme superara  la operación de Hemorroides a la que había sido sometido y le mantenía alejado de sus feligreses.
- Buen día tengas Paca – saludó cortésmente.
- Igualmente, – le sonrió ésta – ésta mañana de principios de verano el sol brilla en todo su esplendor, si no tiene un compromiso urgente…. ¿le apetece comer conmigo?… en la bolsa de la compra llevo comida para dos…
- Acepto encantado – contestó rápidamente el nuevo párroco agradeciendo la invitación.
- Le espero a las dos y media –
- Seré puntual –
Camino de casa  Paca se soltó dos botones de su blusa veraniega, al momento unos rayos de sol se adentraron por su escote a la búsqueda de las pequeñas gotas de sudor que se escondían en su piel. Cuatro hombres a la sombra sudaban doblemente, se unía para ello el calor del sol y el de su mente.
A las dos y media era la hora del café en el bar de Acacio, mientras les servía éste, escuchaba boquiabierto lo que contaban sus amigos.
- Me ha pedido con urgencia que le arregle el bombín de su cerradura – decía El Chato.
- Quiere mi plátano en su punto -, se atropellaba explicando “Tibur”.
- ¡Y mi rabo ¡ exclamaba Anselmo.
-  Dice que necesita mi vaselina para sus zonas delicadas,- se ahogaba pensando Txepe.
Acacio interiormente rabiaba, Paca no había entrado en su bar por lo que no podía experimentar la excitación de sus amigos….
Al llegar el joven cura a la casa de Paca sin llamar entró, la puerta estaba abierta pues la cerradura había quedado sobre el mostrador de la ferretería, el sabroso rabo guisado y en el frutero se ofrecían dos plátanos maduros y gordos.
Aquel día la Paca había alimentado a cuatro hombres…. su Ego,…su mente,…su ilusión… y su lívido.
A otro, … el cuerpo
-  ¡ Qué sabroso está el rabo , y en su punto el plátano ¡ exclamaba entusiasmado mientras saboreaba la comida.
Quizás mañana sería el afortunado Acacio.
Qué suerte tener  viviendo en el pueblo 
L A      P A C A

 


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