Archivado en: cuentos cortos, fabulas, relatos cortos | Etiquetas: caracol, cuentos cortos, fabulas, relatos, relatos cortos
Se llamaba “Tomasin“y era un caracol gordito que vivía con su casita en una huerta de lechugas gobernada ésta por un abuelo cascarrabias.
A “Tomasin” le gustaba mucho las lechugas y todos los días se daba un buen atrancón de ellas, luego lentamente se arrastraba bajo la parra de una viña y allí cantaba mientras hacía la digestión.
Aquella era una buena vida para un caracol – pensaba “Tomasin “mientras, el abuelo encontraba comidas las hojas de sus lechugas cada mañana, y afanosamente miraba aquí y allá buscando al causante de ello.
“Tomasin” cuidabase mucho en dejar un rastro de mocos en su retirada, y el abuelo cascarrabias no daba con él.
Una tarde de verano calurosa estaba durmiendo “Tomasin” la siesta, cuando fue agitada su hoja de parra, ¿qué demonios sucedía? ¿ Quién demonios le despertaba de su siesta ?
Elevó rápidamente sus dos antenas y observó el paisaje, a poca distancia una babosa fea le contemplaba.
¿Qué haces aquí ?, le preguntó “Tomasin” indignado.
-He venido atraído por la frescura de ésta huerta – respondió la babosa
Mientras movía su gordo culo
- Esta huerta es mía – aclaró “Tomasin “
- ¿Toda?, aquí hay comida para los dos y más si vinieran.
- Lo que me faltaba , que vengan más intrusos, ¿ no sabes que el abuelo que la cuida se enfada mucho cuando ve sus lechugas comidas
- Eso no me preocupa, yo sólo voy a estar de paso, soy muy aventurera y me gusta visitar distintas huertas, hoy aquí, mañana allí, justo el tiempo de saborear las verduras, – y dicho esto comenzó su atracón
“Tomasin” le observó mientras pensaba: Mañana voy a tener más problemas con el abuelo – y se disponía a volver a su siesta cuando el cielo se nubló, y al instante un fuerte viento le obligó agarrarse a la parra, mientras ésta era zarandeada de arriba –abajo.
La lluvia no se hizo esperar y a “Tomasin” le sonó a música el contacto de la misma con las hojas de su parra, se sentía feliz, hacía días que no llovía y la esperaba con impaciencia, también el abuelo la deseaba, le vio mirar al cielo día tras día buscando las nubes que le traerían el agua que sus lechugas necesitaban.
Cuando ésta cesó el aroma fresco entró en su casa y “Tomasin” no pudo menos que agitar todo su cuerpo.
-Tengo que darme un baño – se dijo, mientras ponía en marcha sus antenas y rápidamente se deslizó por la fresca parra, y corrió de aquí para allá saboreando la humedad que se extendía por la huerta sin preocuparse del reguero de mocos que le delataba.
Anochecía cuando fatigado buscaba su hoja de parra.
Me he debido de alejar sin darme cuenta- pensaba “Tomasin” contemplando el paisaje que no le era familiar; al rato se acercó al hueco de una roca y acomodó en ella su casa.
- Qué calentita está- se dijo, y retirando sus dos antenas se dispuso a dormir.
Estaba el sol en lo alto del cielo cuando el abuelo cascarrabias llegó al huerto, una vez más sus lechugas estaban comidas y ésta vez el rastro lo llevaba directamente hacía el culpable, allí, al pie de una de ellas, una babosa gorda se chupaba el morro.
El abuelo no lo dudó ni un segundo, y la azada se desplomó sobre ella.
-Por fin “come-lechugas”- se dijo sonriente el abuelo, – acabé contigo
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