Cuentos de Mila


CERVAN
Agosto 19, 2008, 4:40 pm
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CERVAN

“CERVAN” era un viejo pendenciero con una lastimera existencia  como individuo que se encargaba  de los remiendos urgentes municipales  con menor más que mayor acierto, ejerciendo el título de  alguacil en un pequeño pueblo de la meseta castellana.

En su juventud, había estado casado con una cristiana convencida, (pero de falsa moral) que le había sido infiel, y a la que abandonó cuando las risitas de los vecinos a sus espaldas, subieron por éstas y llegaron hasta sus orejas.

Buscando nuevos aires recorrió Castilla de arriba-abajo.

Mas tarde las tierras andaluzas.

Y fue en éstas, prestando sus servicios en una hospedería en la que le encargaron limpiar la pocilga donde conoció a una cerda rencorosa, que le dio un mordisco asiéndole y apretando los dedos de la mano izquierda tan fuertemente con sus dientes, que cuatro de ellos quedaron en su boca.

Después los escupió con desprecio, pues no eran de su gusto.

“CERVAN” desde entonces quedó manco.

Pocas explicaciones daba sobre su manquedad, pues ésta no había sido provocada  por grandes hazañas memorables y menos dignas de comentario, el drama había surgido en una pocilga y tanto la cerda rencorosa como él, callaban sobre el motivo de su enemistad y venganza.

Vinculado al mundo del trapicheo pues era ingenioso, se ganó la vida evitando por triste experiencia las pocilgas de las posadas, hasta que aquel mes caluroso de Julio llegó en su recorrido a un pueblo elevado y llano rodeado de valles y manantiales de Castilla.

El rótulo que se anunciaba  a la puerta del Ayuntamiento, no dejaba lugar a dudas.

                                      “SE NECESITA ALGUACIL”

No teniendo con quien competir, en pocas horas se le concedió el puesto y junto con él, la lista de sus obligaciones.

Repartir el correo…

Enterrar a los muertos…

Anunciar las fiestas patronales por medio del pregón…

Lanzar los cohetes en éstas…

Ordenar el tráfico…   

Limpiar las alcantarillas y los baños públicos…

La paga no era gran cosa, pero tampoco su intención de trabajar, así que se instaló en los bajos de la alcaldía dispuesto a ejercer el nuevo título.

El reparto del correo semanalmente a los vecinos le permitió conocer a todos ellos al poco de avecindarse.                

El aire de la meseta era sano y el agua de los baños medicinales, mantenía a los habitantes del pueblo con una salud tan férrea, que no le dieron ocasión de cavar con la azada y una sola mano, el agujero de tierra necesario para dar sepultura a un cadáver.

El pregón de las fiestas patronales con el lanzamiento de cohetes quedaba lejano…

El ordenamiento de tráfico consistía más en encaminar a buen fin las abundantes carretas y carretillas todas ellas de una o dos ruedas, que no, los carruajes de cuatro que sólo a disposición del médico y alcalde se conocían en el pueblo.

La última de sus obligaciones fue la que le desconcertó.

A las afueras, existía un antiguo balneario situado junto a un manantial de agua termal, que ofrecía propiedades físico-químicas y sales en disolución para tratamientos de diversas enfermedades.

Desconocía “CERVAN” por completo la existencia de agua rica en sal y yodo.

Hasta entonces, todo lo que sabía de ella era, que sin olor, color ni sabor, servía para apaciguar la sed.

Estos baños eran de uso público y el mantenimiento de los mismos pasó a ser de su incumbencia.            

Diariamente acudía a ellos para prestar sus servicios.

Ni los chorros por él tratados permitían que el golpe de agua saliera con más fuerza, ni los sumideros absorbían mejor las aguas residuales.

Los usuarios admitieron al poco tiempo que no había mejorado con su presencia el balneario, pero lo disculparon por el hecho de ser manco.

En su ir y venir diario, conoció  a Ana, una cuarentona de buen ver que estaba casada con un pollero de cincuenta y tres años.

Este, especializado en pollos, los criaba sueltos al aire libre en su corral, presumiendo de los huevos morenos que engendraba como los mejores de la comarca.

Y mientras uno se dedicaba a sus “huevos” y “pollos”, “CERVAN” decidió dedicarse a la “pollita” y su “polla”.

Cuando Ana llegaba al balneario la pila para su baño estaba siempre dispuesta, bien para lavarse, refrescarse ó con fines medicinales.

El siguiente paso fue sencillo.

“CERVAN” le sugirió como procedimiento terapéutico e higiénico en determinadas partes de su cuerpo el practicar  fricciones o presiones con su mano tullida…

O, en su lugar con aparatos especiales de masajes.

Los aparatos fueron pronto desechados ya que tampoco había nada novedoso y garantizado que ofrecer en el balneario.

Y así fue, como un manco llegó a ser el masajista mejor dotado para este menester.

El entusiasmo que puso en su trabajo, gratificaba las dos partes.

Efectuando caricias, presiones, rotaciones, golpeteos y otros movimientos básicos estimulaba de tal grado a la mujer del “pollero” que los gorgoritos que salían de su garganta se escuchaban en todo el balneario.

Hay un refrán que dice:

                    PUEBLO PEQUEÑO INFIERNO GRANDE                   

Y éste, no iba a ser diferente.

Como había ocurrido en otra ocasión hacía ya muchos años, las risitas de los vecinos a espaldas del cornudo subieron por éstas y llegaron hasta sus oídos.

No le libraron de ellas ni el hecho de tener los mejores huevos morenos de la comarca.

El 12 de Octubre el camino de su vida sufrió un nuevo sobresalto, con un grave tropiezo.

Ana le comunica un posible embarazo.

Demasiado viejo para escaramuzas, aprovechando la visita de una compañía  de actores para representar una obra de teatro en vísperas de las fiestas patronales, disfrazado de lagarta, salió a pie, sin sollozos pero con suspiros tristes, evitando dar explicaciones al “pollero” y a la “pollita” y dejando vacante el cargo de alguacil, el manco “CERVAN”

La gran familia de actores que formaba la compañía pasó a ser la suya, y pronto se encontró cómodo en ella.

La vida nómada de pueblo en pueblo le descubrió nuevos paisajes…caras…narices de payaso…

Su imaginación creadora y seductora le permitió vincular el mundo del teatro al de las letras, y atando los diversos ramos de su saber, entre paisaje y paisaje fue dando forma a una novela pastoril sobre un paraíso rural deseable.

Llegó el invierno y el frío resultaba brutal en la meseta, las oscuras noches y los caminos embarrados exigían mentes fuertes.

Era hora de hacer un alto en el camino.

Abandonaron el deambular sin rumbo fijo y se instalaron en un corral o patio para representar su novela.

“CERVAN” no era un escritor profesional y ciertamente no tuvo la sensación  que tienen algunos escritores de euforia con su primera obra, pero cuando sus compañeros actores la interpretaron con total éxito y los aplausos  se escucharon en todo el pueblo, se llenó de orgullo.

Si el ser manco no le imposibilitó ser masajista, tampoco le iba a impedir ser escritor, el oficio volvía a estar mal pagado pero los aplausos reconfortaban.

Fue éste tema, el “parne” dinero ó moneda el que más le preocupaba, así que, con más picaresca que buena voluntad se ofreció para hacerse cargo de los temas relacionados con las cuentas o ingresos por actuación.

Pronto comprobó que el público era mayoritariamente masculino.

Tendría que dirigir sus escritos al “espíritu caballeresco”

La censura no permitía interpretaciones desvergonzadas, pero “CERVAN” conocía las necesidades que fortalecen la vida y desean los varones.

El sentido práctico le decía que si quería llenar noche tras noche el corral de aficionados influyéndoles en el ánimo, no podía contar con su irresistible atractivo personal ni su inocente novela pastoril, necesitaba algo romántico, soñador y de una gran fantasía sexual.

Así fue como en el entreacto, una joven de 19 años descendiente  de un moro y una toledana  llamada Catalina, envuelta en una túnica transparente que como una membrana sutil cubría su hermoso cuerpo, hacía mudanzas con los pies y brazos de forma insinuante al compás de un flautín, una octava mas alta que la ordinaria, bajo las indicaciones de “CERVAN”

El “espíritu caballeresco” pronto hacía su aparición en el corral y la melodía quedaba ahogada  ante la manifestación vehemente de un sentimiento general de agrado.

El “parne” aumentaba de actuación en actuación y las provisiones de alimento para la compañía comenzaron a ser abundantes con el agrado de todos, y cuando a éstos se les añadió un oloroso vino, “CERVAN” pasó a ser el jefe indiscutible de las finanzas, el protocolo, maestro de escena, logística….

Abandonaron la vida errática de pueblo en pueblo que hasta entonces habían llevado y se fueron instalando en corrales ó patios de distintos puntos de la provincia.

La calidad artística iba en aumento.

Las obras que representaban siempre estaban en el límite de la legalidad y la decencia, pues ridiculizaban a todos, políticos, religiosos……

“CERVAN” escribía y dirigía con acierto y el pueblo agradecía sus esfuerzos aplaudiendo sus obras.

Habían alcanzado ya la suficiente notoriedad como para recibir encargos importantes, y desde MADRID la gran capital, solicitaron  su presencia.

Era la ocasión esperada  y deseada por la compañía de actores, y a ella se trasladaron.

Esta nueva etapa ó periodo se caracterizó por oscuros sucesos.

A poco de instalarse “CERVAN” comprobó que finalizada la actuación teatral, tenía un público deseoso de más emociones.

No lo dudó, rápidamente creó distintos juegos de azar, partida de naipes,…

Para todos aquellos  que cerradas las puertas tras la función, desearan prologar su estado de ánimo febril y exaltado

Ello representaba más ingresos y fuentes de financiación.

Pero….

Las pasiones una vez desatadas es muy difícil controlarlas.

Llegó a enfrentarse a grandes riñas, disputas y peleas.

En una de ella s ocurrió un accidente, y uno de los jugadores recibió una puñalada.

La herida no fue mortal, pero si las consecuencias.

El herido resultó ser:

                    “EL EXCELENTISIMO SEÑOR OBISPO”

Por su categoría y dignidad no debería estar a esas horas en la sala de juegos, pero simulado con ropas toscas, daba allí rienda suelta a sus pasiones, que no eran pocas.

Con la Iglesia habían “topado”

Esta, antes de reconocer el error en uno de sus clérigos, condenó a todo MADRID al fuego eterno desde el púlpito o tribuna  en el sermón dominical.

“CERVAN” terminó sus andanzas en la cárcel, acusado de malversación de fondos y otros tres o cuatro delitos vituperables

Y como suele ocurrir con mucha frecuencia, el público poco después le olvidó.

Pero….                      

Sus andanzas, los paisajes, costumbres y usos que estaban en su mente se volcaron de nuevo al papel, con tan maravilloso provecho que creó su gran obra maestra. 

Paralelamente, con los permisos y licencias para su explotación se dio a conocer:

                                    E    L        Q    U    I    J    O    T    E

                                     Firmado:       “CERVANTES”

                   ¿…Era nuestro “CERVAN” quién pasó a la posteridad…?


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