Kortiko
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Abril 2, 2009, 1:06 pm
Archivado en: cuentos cortos, fabulas, relatos cortos | Etiquetas: cuento corto, fabula, relato corto
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Érase una vez un perro llamado Kortiko.
En su familia de raza pastor-alemán todos eran grandes y fornidos pecho ancho y robusto, pies y manos recios.
En la gestación algo no fue bien en el vientre de su madre, y de una camada de 5 perros nació Kortiko, corto de pies y manos.
Esto no fue un problema para su perra madre, a ésta le pareció perfecto a pesar de su anomalía y fue criado con sus hermanos con el mismo cariño que el resto.
Tampoco impresionó al dueño de la casa donde nació, cuando vio que apenas se alzaba del suelo, un rápido vistazo le sugirió el nombre con el que todos le conocerían Kortiko
Pasó el tiempo y se convirtió en un perro valiente y leal, al que le creció el pelo lanoso que debido a sus cortas extremidades rozaba el suelo.
Le gustaba mucho la música y sobre todo bailar, no podía impedir que a los primeros compases que escuchaba sus cortas patas se pusieran a saltar y resultaba divertido para quien le veía las piruetas que sin cesar hacía.
Con ello hacía gimnasia matinal, a la tarde volvía a repetir, y al anochecer ya con menos salero bailaba sus últimos chin…chines…al son de la radio pródiga en discos de felicitaciones.
Un día llegó a casa un vecino y al ver aquella bola de lana girar como una peonza al son de los compases, le dijo a su dueño:
-¿Porqué no lo vendes a un circo?-
Y al poco tiempo terminó en uno de ellos.
El cambio de vida no le agradó, su vieja perra madre en la casa quedó y con ella sus mimos, la Radio y los discos de felicitaciones.
Dejó de bailar y perdió su agilidad… pero un día que malhumorado lloriqueaba su perra vida vio algo que le dejó asombrado, un hombre que como él, tenía cortas las extremidades.
Conoció a un enano.
Se acercó y tímidamente le saludó, el pequeño hombre que sólo era pequeño en estatura pero grande como hombre le sonrió y la vida de Kortiko desde éste momento cambió.
El enano le demostró que con paciencia y voluntad podría mil conquistas realizar, que la música no solo servía para escuchar y bailar sino también interpretar y así fue como aprendió el tambor a tocar.
Esto le lleno de satisfacción pues todos los días tenía actuación, el público le aplaudía y él en agradecimiento con mil piruetas les correspondía.
Con el circo por todo el país viajó, de su perra madre jamás se olvidó, pero su antiguo hogar, la radio y los discos de felicitaciones no añoro.
Si alguna vez oyes decir que la raza de perro pastor sólo sirve para guardar ganado… cuéntales éste cuento y diles que kortiko fue “artista” “tamborrero”.
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