Archivado en: cuentos cortos, fabulas, relatos cortos | Etiquetas: cuento corto, fabula, relato corto
Érase una vez un pequeño adminículo de metal hueco, forma cónica y cubierto su superficie de hoyuelos que utilizaba en la extremidad del dedo corazón de la mano derecha para no herirse con la aguja al coser, una simpática y alegre costurera.
El ojo de la barrita de metal por donde pasaba una hebra larga y delgada de algodón estaba en continuo contacto con los hoyuelos del dedal, pero este, era lo suficientemente duro para hacer frente a la presión de la aguja y su granulado evitaba que resbalase y pinchara.
En perfecta armonía dedal, aguja y hebra de algodón se dejaban acariciar por los dedos de la costurera mientras ésta unía los pedazos de tela y con gran habilidad confeccionaba prendas de moda que vendía en su comercio.
Por último, una máquina de coser llamada “ALFA” participaba igualmente en la costura, pero su alta alcurnia no le permitía codearse con el dedal y la aguja por lo que no se intercambiaban más que ligeras miradas cuando el hilo de algodón pasaba de una a otra.
Llegó Mayo y se presentó caluroso, el cambio de temperatura había sido brusco Abril se fue frío y lluvioso y cuando nadie lo esperaba salió un sol radiante y convirtió aquella primavera sosa y triste en una promesa de verano caliente.
Nuestra alegre costurera se encontró de pronto desbordada de trabajo, todas las jóvenes se pusieron de acuerdo unas por coquetería y otras por necesidad para estrenar ropa nueva y con insistencia le reclamaban encargos.
El calor no facilitaba las cosas, las manos le sudaban y el dedal oprimía el dedo hinchado por efecto de ello encontrándose molestos los dos, por otro lado la aguja resbalaba y el hilo de algodón pringoso se negaba a deslizar.
“ALFA” también estaba alterada, ella necesitaba ser engrasada con aceite periódicamente para mantener su armonía y el exceso de trabajo le estaba obligando a coordinar sus puntadas con mayor rapidez, éste esfuerzo no se veía recompensado con una mayor dedicación y mimo a su persona.
La clase obrera estaba a punto de alzarse en huelga.
El dedal de metal estaba dispuesto a encabezar la manifestación si era necesario siempre contando con el apoyo de la aguja y el hilo de algodón.
De reojo observaban a “ALFA” ésta, significaba el 80% de la mano de obra y era conveniente contar con su colaboración.
Por mediación del hilo le pasaron las consignas correspondientes y pronto comprobaron que “ALFA” estaba tan agotada como ellos y dispuesta a colaborar.
La patronal, en éste caso nuestra ya no alegre costurera pues el agobio había conseguido alterar su carácter, ajena al descontento de sus colaboradores comenzó el corte de un exclusivo modelo vestido de novia en raso blanco.
Debía dedicarle a éste muchas horas de trabajo, y pronto se dio cuenta que el Domingo no podría ser festivo si quería entregar en el plazo prometido.
Desde primeras horas de la mañana, el dedal…la aguja…el hilo de algodón… “ALFA” se encontraban en frenética galopada a pesar de ser día de descanso, y fue la vieja máquina de coser la que en un intento de rebelión deshizo la correa que sujetaba los pedales con la cabecera y al no poder aprovechar la acción de la fuerza, ésta se fue parando.
Con una maldición la patronal intentó que la correa volviera a su sitio pero “ALFA” se negaba a facilitar las cosas, una y otra vez el intento resultaba fallido.
En un arranque de mal genio abandonó la máquina y con gesto desafiante se puso a pasar el hilo de algodón por el ojo de la aguja.
Entre sus dedos sudorosos ésta giraba suavemente y después de varios intentos la hebra se introdujo en el agujero.
Desde su posición en la extremidad del dedo corazón de la mano derecha el dedal de metal observaba la rebelión de la clase obrera y en su afán de colaborar uno de sus mas gastados hoyuelos cedió y un pequeño orificio dio paso a la barrita de metal que se introdujo por él pinchando el dedo de la costurera.
Ésta gritó arrancando con gesto agresivo el dedal de su dolorido dedo y una pequeña gota de sangre roja se pudo ver en su extremo.
Antes de que pudiera evitarlo el vestido de raso blanco quedo enrojecido y manchado.
Desesperada, retiró su labor y por fin todos descansaron.
El dedal…la aguja…y el hilo celebraban su victoria entre risas mientras en el fondo del costurero se acomodaban a disfrutar de su merecido descanso.
Pasaron los días y no fueron reclamados para trabajar la situación se volvía incómoda, tras la primera alegría de la conquista aquel relax se parecía más a un abandono.
El dedal de metal perdía brillo y se oxidaba, el hilo de algodón y la aguja languidecían el olvido actual era peor que el anterior agobio.
El mayor de los males es salir del número de los vivos antes de morir.
Inesperadamente la tapa del costurero se abrió y la competencia llegó hasta ellos.
Un dedal nuevo de marfil blanco precioso entró triunfante, junto a él, una joven aguja de acero y un hilo de nylon fino completaba el trío.
Nuestros tristes obreros quedaron paralizados habían sido suplantados por otros mas bellos, fuertes y útiles.
Desde el costurero buscaron afanosamente a “ALFA” pero no la encontraron en su lugar vieron a otra máquina de coser mas moderna y automática con toda clase de prestaciones, unas letras vistosas resaltaban su nombre “SIGMA”
La táctica de saber que hacer cuando había mucho que hacer no les servía para saber que hacer cuando no había nada que hacer.
No habían tenido estrategia…solo táctica, y con ello de ser unos rebeldes en el pasado iban a ser unos posibles déspotas aburridos en el futuro.
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