Archivado en: cuentos cortos, fabulas, relatos cortos | Etiquetas: cuento corto, fabula, relato corto
Una plancha de cristal azogada por uno de sus lados para que se refleje y represente en ella los objetos que tenga delante se encontraba abandonada en el campo.
No recordaba como ni cuando llegó hasta aquél lugar pero varias estaciones del año habían transcurrido desde entonces.
Un día arrastrada por el viento una cuerda con una lazada corrediza que servía para cazar conejos se posó sobre ella.
El nudo al verse reflejado en el espejo se sorprendió con el ir y venir del cabo cruzándose en varios puntos.
Sin dudar un instante comenzó a tirar por uno de ellos y al momento el lazo se cerró estrechándose, asustado volvió a tirar de nuevo y el nudo se apretó más.
-¿Quieres ahogarte?- le dijo el espejo al verle colorada y sin aire- tengo el poder de cambiar la dirección de los objetos, así que deja en paz el nudo sino te quieres estrangular-
Soltó rápida el lazo y cuando llegó el alivio observó detenidamente al espejo y le preguntó:
-¿Tu entidad es real o abstracta, quien eres?-
-Soy un espejo, -le respondió- yo soy todo, mas quien se contemple en mí-
-¿Somos los dos uno? volvió a insistir el lazo-.
-No, tu eres una cuerda preparada para cazar y yo, un espejo en el que te reflejas-
Meditaba ésta sobre lo que le había dicho cuando el conejo al que debía apresar salió de su madriguera y llegó hasta ellos.
Demasiado cerrada por los estiramientos a los que se había sometido comprobó la escasa probabilidad que tenía de capturarlo.
Lo mismo debió de pensar el mamífero que se acercó al lugar sin temor ni recelo.
Sus largas orejas fue lo primero que examinó con atención en el espejo y haciendo un mohín le envió a cada una de ellas un guiño.
Por la familiaridad con la que se movía el roedor quedaba confirmado que para éste no era desconocida la plancha de cristal.
A continuación sacando su lengua comenzó a lamer suavemente la misma y empujando con su hocico envió fuera de ella la cuerda corrediza.
Una vez limpia y brillante ésta se examinó con atención los pelos de su bigote, frotó sus dientes y estampó un sonoro beso al conejo que le sonreía en el reflejo.
La cuerda desde el lugar al que había sido desplazada observaba a los dos mamíferos frotándose al unísono la nariz y el morro, los hilos torcidos que formaban su cuerpo largo se alteraron…era posible duplicar la imagen detalladamente hasta con gestos y señales, ¿cuántos conejos podría atrapar con su nudo corredizo si lo hacía sobre el espejo?…
Intentaba reflexionar profundamente sobre todo ello cuando éste se retiró hacía su madriguera a la vez que un rayo de luz y calor como influjo de la aparición del astro sol en el cielo se introdujo en el interior del espejo cegándola con su claridad.
¡Había una puerta por la que entrar en aquel mundo fantástico y el sol la conocía!
El tonto del conejo satisfacía su vanidad contemplándose sin sospechar que en el interior de aquel objeto extraordinario y admirable se podía entrar.
Con un movimiento circular consiguió llegar al espejo con la esperanza de pasar por la puerta haciendo caso omiso a la intensidad de calor del sol en el estío…la elevada temperatura dilató al poco tiempo sus hilos torcidos, evaporó sus líquidos y lo fundió antes de lograr su objetivo.
Desde su madriguera el conejo vio extinguirse el lazo corredizo, la curiosidad unida a la ignorancia había marcado su destino.
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