Las Bragas Rojas
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Mayo 22, 2009, 1:33 pm
Archivado en: cuentos cortos, fabulas, relato corto | Etiquetas: cuento corto, fabula, relato corto
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Todos nacemos preparados para algún trabajo y Maripuri a sus 15 años estaba convencida de que su habilidad consistía en lanza con cada mano una pelota al aire, y controlando su rumbo cruzarlas para volver a recogerlas y de nuevo lanzarlas.
Había adquirido durante el último año destreza en este campo practicando diariamente, y acudía a las plazas de reconocida importancia comercial en la que la concurrencia de gente era notoria para demostrar al público el control que ejercía sobre sus dos pelotas de goma una verde y otra roja.
Aquel viernes por la mañana a temprana hora, abundaban los comerciantes o feriantes en la Plaza Mayor del pueblo dispuestos hacer negocio y no tanto las personas que se acercaban a observar las mercancías que se exponían sobre mesas portátiles fáciles de trasportar y montar.
Una lluvia menuda humedecía el suelo y un cielo color ceniciento y apagado entristecía el ambiente.
No se presentaba buen día para demostrar habilidades a un público desconfiado y escaso de imaginación-pensó Maripuri- mientras que de una mirada generalizada comprobaba cual podría ser el espacio más idóneo para su actuación.
Y fue en esta búsqueda cuando llamó su atención un joven feriante situado a su derecha, que pacientemente ordenaba prendas sobre la mesa mientras su compañero ajustaba el toldo de plástico transparente para protegerles de la llovizna.
Tenía en sus manos unas preciosas bragas rojas de motas blancas, del tamaño éstas de una moneda pequeña.
-¿Cuántas motas tendrán esas bragas?- se preguntó mentalmente Maripuri mientras las contemplaba.
-Unas 48…le contestó su talento matemático-
Sin dudarlo un momento se acercó y ante el asombro del joven comerciante comenzó a contarlas.
Primero desde la cintura hasta el arranque de las piernas por delante, después girándolas la parte de las nalgas.
-48, ni una más ni una menos-exclamó en voz alta sonriendo triunfante por su acierto.
Paralizado ante el recuento de las motas y a la expectativa ante el entusiasmo de Maripuri el vendedor le miraba asombrado.
-Me las quedo- observó ésta con desparpajo guardándolas cuidadosamente en la bolsa junto a las dos pelotas de goma.
Después de abonar las mismas vaciló si comenzar su actuación o no, todo a su alrededor parecía triste y apocado, solo en el fondo de la bolsa unas bragas con motas blancas rivalizaban en color y alegría a sus dos pelotas verde y roja.
Apenas titubeo un instante cuando ya sus pies se alejaban de la Plaza Mayor.
Para Maripuri su compra, no había sido de unas bragas que al fin y al cabo es una prenda interior de vestir que usan todas las mujeres, sino de unos culeros que le excitaban por sus 48 nudillos redondos blancos.
Aceleró el paso.
Cuanto antes debía comprobar si tenía la medida conveniente para cubrir las dos proporciones carnosas y hermosas de su trasero.
Por fin en su habitación ante el espejo, introdujo por las aberturas de la prenda sus dos pies izando suavemente hacía sus torneados muslos para llegar a la parte mas ensanchada de su cuerpo, comprobando admirada que se ajustaba perfectamente al mismo.
-¡Qué preciosidad¡-exclamó con entusiasmo.
Sin poder contenerse acarició su vientre plano y girando sobre sí misma para observarse mejor en el espejo, deslizó sus manos hacia el culo y con movimiento suave y mimoso recorrió varias veces el mismo.
Cual no sería su sorpresa al comprobar que una de las motas, justo la que tapaba el agujero del ano, se desprendía de los culeros dejando en el mismo un espacio circular más extenso rojo y se instalaba en su mano.
El imprevisto extraordinario le cogió del todo desprevenida pero sin dudarlo un momento con la otra mano comenzó delicadamente acariciar su pubis y al momento otra mota se desprendía de la prenda.
Una estaba situada en la parte cóncava de su mano izquierda y otra de la derecha.
Estas, como si obrasen por su propia cuenta sin someterse a dirección alguna, lanzaron al aire primero una y después la otra cruzándose para volver a recogerlas como lo hacía con sus pelotas de goma verde y roja.
Un grito de alegría estaba a punto de escapar de su garganta cuando maravillada contemplaba como una y otra subían y bajaban hasta que…la dirección propuesta ligeramente se inclinó y la mano derecha se cerró en vacío.
Ante el asombro y la excitación de Maripuri la mano izquierda perdió el reflejo y la mota que descendía haciendo la misma voltereta graciosa que su compañera se situó en el pubis.
De nuevo en el culero había 48 motas blancas.
-¡Fantástico¡- se dijo en voz alta, mientras se vestía para salir apresuradamente hacía la Plaza Mayor.
En la habitación quedaban olvidadas en la bolsa dos pelotas de goma, una verde y otra roja.
Había dejado de lloviznar.
Unos débiles rayos de sol caldeaban e iluminaban el ambiente cuando Maripuri llegó jadeando.
Esta vez, no perdió el tiempo buscando el sitio idóneo y en el primer hueco que encontró se instaló.
Rápidamente se despojó de las zapatillas y a continuación de los calcetines.
Cuando comenzó a bajarse los pantalones llamó la atención de los feriantes y del público en general que comenzó a cercarle.
Aquello prometía…
Sus esplendorosos 15 años mostraban unas largas piernas que culminaban en un precioso culero rojo con motas blancas.
-Hay 48- apuntó el joven vendedor que abandonando su puesto de venta se acercó a primera fila mientras señalaba con el dedo las motas.
Nadie pareció entender a que se refería.
Ajena al público que jaleaba con palmas su proeza, Manirpuri comenzó acariciarse dulcemente sus nalgas hasta que sintió en su mano el contacto del nudillo redondo.
Cuando su mano izquierda frotaba su pubis el público babeaba.
El momento resultaba oportuno, así que comenzó a lanzarlas al aire primero una y después la otra con agilidad y destreza repitiendo varias veces el ejercicio.
De pronto un murmullo amenazador se extendió por la Plaza Mayor.
-¿Qué hacía aquella insensata…
-¿Porqué dejaba de tocarse…
-¿A quién le interesaba sus malabarismos…
Dando un paso al frente el mas babeante le increpó:
-¡Deja de dar el coñazo con ese par de “canicas” y tócate¡…
El público coreó…¡QUE SE TOQUE¡…¡QUE SE TOQUE¡…
Maripuri intentaba controlar su mente a la vez que el equilibrio, ¿qué había dicho aquel cretino…”canicas”…no era obvio que se trataba de dos preciosas motas blancas… como era posible que no apreciasen su espectáculo?.
El murmullo amenazador aumentaba…..
El espectador babeante de un manotazo desplazó en el aire lo que el consideraba “canicas” y éstas con el impulso fueron a parar al puesto de las aceitunas.
Con las manos alzadas quedó Maripuri a la espera de lo que no le llegaba, mientras la risa y los aplausos del público enardecían al arrogante espectador que comenzó a saludar ridículamente.
Consciente de que para el éxito solo el talento no basta y de que aquellos necios jamás apreciarían su arte se vistió y salió de la plaza apresuradamente dejando tras de sí un coro de silbidos de desaprobación.
Una vez en su habitación reflexionó sobre lo ocurrido.
Había perdido dos motas de su bonito culero que posiblemente se encontrarían sucias y con olor de olivas en el puesto del aceitunero.
A pesar de ello la prenda mantenía todo su encanto, no podía acariciarla en público sin provocar a éste, pero en privado realizaría todo tipo de juegos con ella.
Recuperó su bolsa abandonada poco antes con sus dos pelotas de goma.
Si alguna vez vas al circo y ves una muchacha de largas piernas que lanza al aire dos pelotas una ver de y otra roja, recuerda…
Es Paripuri, que ofrece su espectáculo para que aplaudas su habilidad… pero que mantiene en su intimidad otros juegos increíbles con una braga roja y sus 46 motas blanca que le hacen muy feliz y le dejan satisfecha.
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