Cuentos de Mila


EL PUENTE
noviembre 22, 2016, 4:06 pm
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EL PUENTE

 La corriente de agua no era muy intensa, incluso se podía atravesar de una orilla a otra del arroyo saltando de piedra a piedra sin mojarse, pero, para evitar las incomunicaciones que provocaban las crecidas en el invierno, y mayor comodidad de quienes diariamente cruzaban el riachuelo, se decidió:

Fabricar un sólido puente de piedra.

Se levantaron dos pilares o puntos fijos en las respectivas orillas y se unieron los mismos con un arco.

Para ello utilizaron granito de la cercana cantera.

Perrutxo, el albañil maestro oficial, borrachín por naturaleza vivía dominado por dos pasiones.

La primera:

La impresión de caracteres ó escritos enigmáticos inspirados en sus momentos de éxtasis, cuando su alma se embargaba en un sentimiento de admiración y alegría provocada por su segunda pasión:

El vino.

Así que, en la “clave” o piedra central que cerraba el arco del puente, quiso dejar para la posteridad constancia de su trabajo y grabó en la roca dura compuesta de cuarzo y mica con el cincel y el martillo, una inscripción.

Un círculo, y en la parte inferior de su superficie realizó una concavidad.

A su lado, el mismo círculo y concavidad con un cilindro largo en la zona superior.

Cuando por el cuello angosto de la botella de vino observaba el zumo de uvas al fondo sabía que tenía que perpetuar aquella bella imagen….

La redoma ó porrón con su largo pitón en la panza provocaba en él, igual inspiración

Aquel jeroglífico no tenía mas explicación, que la habilidad de Perrutxo en el trabajo manual y su alma extasiada de vino

Pero….

El tiempo lo prestigia todo, y convierte cualquier pasado en arqueología

Al albañil maestro oficial nadie lo recordaba, pero el puente de piedra de granito con las dos inscripciones ó jeroglíficos en la “clave” o piedra central que cerraba el arco se conservaba sin deterioro, y era el lugar mas visitado por los vecinos del pueblo y peregrinaje para los de los alrededores.

Enterado el Obispado de las circunstancias que se daban y aludiendo que el terreno estaba bajo la jurisdicción de la parroquia, quiso controlar el acontecimiento con la esperanza de obtener algún beneficio, al fin y al cabo Dios no habría alcanzado nunca el gran público que tiene sin la ayuda del diablo de la Iglesia…

Para ello enviaron al Párroco D. Desiderio, hombre consagrado a Dios ungido y ordenado para celebrar oficios divinos y poco dado a descifrar pasatiempos, a realizar un informe sobre los misteriosos círculos y sus concavidades.

A regañadientes llegó un lunes de Abril.

La Primavera estaba en sus comienzos y se mostraba espléndida en la naturaleza, bajo el puente, el agua se deslizaba atropellándose de roca en roca salpicando pequeñas gotas al aire que las esparcía por las orillas.

Era un día mágico, pero D. Desiderio tampoco estaba interesado en la magia.

Una vez en el lugar, observó detenidamente el granito tallado, y ya se sabe,… basta mirar algo con atención para que se vuelva interesante.

No lo dudó ni un instante.

-¡Son los ojos del diablo, … el de la izquierda es el ojo femenino y el de la derecha el masculino…éste puente está endiablado¡

Con la mano extendida al aire formaba la cruz bendiciendo el lugar con la intención de desendiablarlo, a la vez que retrocedía a tropezones gritando

En su precipitación resbaló, y se golpeó la cabeza con el ojo masculino.

Perdió la razón….

Sin la facultad de pensar ó discurrir, solo la de observar con la mente nublada, vio una redoma ó porrón de vidrio y en el fondo de ella un ojo convertido en vino que se ofrecía tentador…..

Momentos después recuperó la conciencia, su dolorida cabeza seguía apoyada sobre el diablo masculino, mientras el supuesto femenino le observaba sonriente.

A la vez….

En su paladar y garganta saboreaba un aromático zumo de uvas que fortalecía por momentos su cuerpo.

Creo… que me he…. precipitado -balbuceó D. Desiderio- con el alma extasiada de vino…

-No son los ojos del demonio…SON DE LA VIDA…..

Con estas palabras llegó el informe al Obispado

Este cercó el puente…

Embotelló el agua del riachuelo…

Y lo comercializó con bendición Papal..

  1. Desiderio desde que se golpeó la cabeza no razona muy bien…se ha aficionado al vino…habla entre dientes de un tal Perrutxo, que dice ser albañil maestro oficial…

Con el, descifra antiguos enigmas fabricados por toscas manos que generalmente no tienen mas misterio que la tosca lógica de la razón de quien lo hizo, pero el tiempo ha sabido crear a su alrededor intereses.

Ellos entre trago y trago, gastan entre los dos el ingenio suficiente para reconocer la semejanza entre cosas diferentes y la diferencia entre cosas semejantes

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MEÑIQUE
marzo 22, 2017, 10:52 am
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MEÑIQUE

         Soy una de las partes prolongadas en las que termina el pie derecho de Juantxo, exactamente el quinto y más pequeño de todos los dedos llamado Meñique.

              Mi dueño es desmañado y falto de habilidad en sus andares, por lo que yo su dedo más pequeño también con muy poca flexibilidad por mi parte, he  llegado al convencimiento de que fui diseñado únicamente para localizar geográficamente todos los muebles de la casa, tanto de día como de noche en su ir y venir por ella.

              No mejora la situación cuando salimos a la calle, hay una piedra en la tierra hollada por la que transito habitualmente, con la que me he golpeado tantas veces que hemos llegado a ser amigas íntimas ella y yo.

              Juantxo es dueño de una funeraria llamada “Camino del Cielo” que ofrece toda clase de servicios a los familiares de quienes han decidido transitar por él.

              A la entrada de la citada funeraria tiene un cancerbero, que es un perro mitológico de tres cabezas que guarda la puerta de los infiernos.

              Pues también a éste mi dedo meñique le tiene en su lista  y no hay día en que no libremos un enfrentamiento entre los dos.

              Como el cancerbero es de piedra soy yo  el perjudicado, por lo que voy de contusión en contusión y son muchas las veces que entre improperios le  pido que abandone la puerta de “Camino del Cielo” para ir a guardar la de los infiernos.

              Y éste creía que era mi destino al día de hoy: Localizador geográfico de muebles, utensilios y piedras.

              Pero algo ha cambiado ésta noche 5 de Enero con la llegada de los Reyes Magos.

               Juantxo ha recibido de éstos un  regalo extraordinario: CALCETINES.

              Son deportivos de algodón peinado… respirables… con cinco dedos… suavidad y densidad en las costuras, confeccionado con máquina de 200 agujas para la mayor definición del diseño de flamencos de plumaje rosa,  que tiene repartidos por el medio tubo.

              Es cierto que todas las mañanas mi dueño tiene que perseverar y mantenerse firme a la hora de vestir independientemente cada uno de los dedos, tratando de concordar los ánimos o voluntades independentistas de ellos para  hacer  un todo, pero una vez conseguido, quedamos suavemente protegidos por el algodón peinado, respiramos con ligereza y  me he enamorado del flamenco de plumaje rosa que me rodea con su largo cuello apoyando su pico en mi dedo Meñique.

              Mi amiga la piedra ha advertido mi optimismo y hoy me ha saludado al pasar junto a ella con un suave roce.

              Pero al llegar junto al cancerbero me he  ocultado tras el cuarto dedo y Juantxo se ha percatado de éste molesto detalle, con poca maña ha extraído su pie del zapato y ha comenzado a frotar y rascar indiscriminadamente todos los dedos, haciéndonos cosquillas y provocando entre nosotros unas risas involuntarias.

              Nuestro alboroto ha despertado el interés del perro, y más cuando yo me he erguido para poner al descubierto el hermoso plumaje del flamenco rosa con su pico sobre mi dedo.

              Sus tres cabezas me observaban con disgusto (quien guarda la  puerta del infierno no aprecia la belleza) y yo jactándome extraordinariamente de mi propio valor le amenazaba con mi pico.

              Cuando Juantxo me ha resguardado de nuevo en su zapato la metamorfosis estaba ya realizada, había mudado mi conducta, ya no me consideraba un    Localizador geográfico de muebles, utensilios y piedras  sino un dedo meñique recubierto con un bello dedil haciendo su entrada “Camino del cielo”.

                 Cuántas veces un pequeño detalle que acompaña a un hecho, sirve  para  mudar una conducta.



MEÑIQUE
marzo 22, 2017, 10:39 am
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MEÑIQUE

Soy una de las partes prolongadas en las que termina el pie derecho de Juantxo, exactamente el quinto y más pequeño de todos los dedos llamado Meñique.

Mi dueño es desmañado y falto de habilidad en sus andares, por lo que yo su dedo más pequeño también con muy poca flexibilidad por mi parte, he  llegado al convencimiento de que fui diseñado únicamente para localizar geográficamente todos los muebles de la casa, tanto de día como de noche en su ir y venir por ella.

No mejora la situación cuando salimos a la calle, hay una piedra en la tierra hollada por la que transito habitualmente, con la que me he golpeado tantas veces que hemos llegado a ser amigas íntimas ella y yo.

Juantxo es dueño de una funeraria llamada “Camino del Cielo” que ofrece toda clase de servicios a los familiares de quienes han decidido transitar por él.

A la entrada de la citada funeraria tiene un cancerbero, que es un perro mitológico de tres cabezas que guarda la puerta de los infiernos.

Pues también a éste mi dedo meñique le tiene en su lista  y no hay día en que no libremos un enfrentamiento entre los dos.

Como el cancerbero es de piedra soy yo  el perjudicado, por lo que voy de contusión en contusión y son muchas las veces que entre improperios le  pido que abandone la puerta de “Camino del Cielo” para ir a guardar la de los infiernos.

Y éste creía que era mi destino al día de hoy: Localizador geográfico de muebles, utensilios y piedras.

Pero algo ha cambiado ésta noche 5 de Enero con la llegada de los Reyes Magos.

Juantxo ha recibido de éstos un  regalo extraordinario: CALCETINES.

Son deportivos de algodón peinado… respirables… con cinco dedos… suavidad y densidad en las costuras, confeccionado con máquina de 200 agujas para la mayor definición del diseño de flamencos de plumaje rosa,  que tiene repartidos por el medio tubo.

Es cierto que todas las mañanas mi dueño tiene que perseverar y mantenerse firme a la hora de vestir independientemente cada uno de los dedos, tratando de concordar los ánimos o voluntades independentistas de ellos para  hacer  un todo, pero una vez conseguido, quedamos suavemente protegidos por el algodón peinado, respiramos con ligereza y  me he enamorado del flamenco de plumaje rosa que me rodea con su largo cuello apoyando su pico en mi dedo Meñique.

Mi amiga la piedra ha advertido mi optimismo y hoy me ha saludado al pasar junto a ella con un suave roce.

Pero al llegar junto al cancerbero me he  ocultado tras el cuarto dedo y Juantxo se ha percatado de éste molesto detalle, con poca maña ha extraído su pie del zapato y ha comenzado a frotar y rascar indiscriminadamente todos los dedos, haciéndonos cosquillas y provocando entre nosotros unas risas involuntarias.

Nuestro alboroto ha despertado el interés del perro, y más cuando yo me he erguido para poner al descubierto el hermoso plumaje del flamenco rosa con su pico sobre mi dedo.

Sus tres cabezas me observaban con disgusto (quien guarda la  puerta del infierno no aprecia la belleza) y yo jactándome extraordinariamente de mi propio valor le amenazaba con mi pico.

Cuando Juantxo me ha resguardado de nuevo en su zapato la metamorfosis estaba ya realizada, había mudado mi conducta, ya no me consideraba un    Localizador geográfico de muebles, utensilios y piedras  sino un dedo meñique recubierto con un bello dedil haciendo su entrada “Camino del cielo”.

Cuántas veces un pequeño detalle que acompaña a un hecho, sirve  para  mudar una conducta.



AISLADOR
marzo 22, 2017, 9:59 am
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Soy una porción limitada de materia maleable de color gris muy útil en la industria.

Me llamo “Aislador” porque no permito el paso de la electricidad (por muy poderoso agente que se manifieste) dentro de mi.

Y una vez realizada la presentación voy a contaros:

 Durante años, formando una vía terrestre nos elevaron por terrenos con más o menos dificultad, para abastecer de corriente eléctrica a los más alejados caseríos y edificios unidos o cercanos a ellos.

Llegaron nuevos tiempos y fui desechado por antiguo, en mi función de aislar cables de alta tensión en un poste característico que conformaba el paisaje.

Los nuevos brazos metálicos de electricidad con su pose de poderío y altura tenían sus propios colaboradores.

Y e aquí, que en el ir y venir del cambio, me dejaron abandonado en un terreno húmedo en el que crecía la hierba para pasto.

La diferencia fue notable, acostumbrado a estar elevado sobre la tierra azotado por las inclemencias del tiempo, me hallé extendido por el suelo sobre una materia orgánica  desmenuzable  muy cómoda y confortable.

Al llegar la primavera, fui rodeado de hierba y flores que arraigaron junto a mí, más tarde llegó y se asentó la hierbabuena, y con su agradable aroma me hizo olvidar cualquier añoranza de tiempos pasados.

Yo, que fui creado como “aislador” por circunstancias ajenas a mi voluntad, tenía una nueva vida en la que compartía mi insípida materia color gris con infinidad de colores, olores y texturas.

Pasó el tiempo y mi peso iba cediendo el terreno, ya apenas quedaba parte del aislador en la superficie, mi vejez era apacible, un molusco con su concha arrollada en espiral  se instaló al poco tiempo sobre mí, y su baba me acariciaba en su lento paseo diario con un agradable cosquilleo.

Y una tarde soleada fue éste caracol el que llamó la atención de una linda muchacha que acompañada de su padre paseaban por el campo.

El cuerpo blando y desnudo del molusco quiso afianzarse en mí cuando vio que la mocita le sujetaba con sus dedos, pero la materia glutinosa no era lo suficientemente pegajosa como para impedir separarnos.

Y allí estaban a la altura de los ojos frente a frente observándose el caracol y la moza.

El molusco quiso impresionarle y alargó sus cuernos, pero solo una  sonrisa de satisfacción se reflejó en la cara de la bella chiquita, y comenzó entre los dos un juego de toqueteos en el que parecían disfrutar por partida doble.

Y en este momento… Algo llamó la atención del padre y me observó con detenimiento, con ágiles manos comenzó a retirar la tierra que me rodeaba y en pocos minutos quedé desnudo frente a él.

Me observaba ceñudo a pesar de no parecer enojado.

Calibraba el alcance de su hallazgo.

Sopesándome pase de su mano derecha a la izquierda, un movimiento circular…un nuevo giro… ¡demasiado joven!… no me reconocía, era de la generación de los grandes postes de hierro que invaden el campo.

Estaba ya mareado de tantos vaivenes, cuando acompañándoles en su  paseo me depositó al borde de un terreno cercado plantado de vid,  no pude evitar un suspiro.

¿Qué podía hacer…? un nuevo cambio en mi vida sin que yo interviniera, siempre es así, alguien decide por ti lo más conveniente para otros.

La bella chiquita tuvo el detalle de colocar sobre mí el caracol, a éste la experiencia del manoseo no parecía haberle preocupado y comenzó su lento paseo acariciándome otra vez con su baba.

Observando el entorno, comprobé que en un orden lineal unas plantas trepadoras con tallos nudosos y hojas alternas lucían despojadas.

 Me he aclimatado al nuevo paisaje, y he sido testigo directo de la metamorfosis que se ha efectuado en la viña con el trascurso de estos meses.

Primero fueron flores en racimos, para más tarde convertirse en frutos de bayas.

También el caracol Miricól (éste es su nombre) esta encantado, ha cambiado de hábitos, todos los días se dirige hacia las uvas a primera    hora de la mañana para volver al anochecer completamente borrachín, le cuesta mucho subirse sobre mí para el paseo cotidiano y una vez conseguido, en una exaltación extrema, canta y canta entre suspiros y eructos hasta aburrirme, mientras su baba pegajosa huele a vino rancio.

Según me ha contado hace “botellón” con una gordita y joven babosa llamada Lucita que es muy tímida pero se muestra muy enamorada.

Ha prometido presentármela.

Así que aquí estoy yo, ¡un aislador¡ acomodado a la forma mas  conveniente,  a la espera de conocer a un nuevo molusco y vivir nuevas experiencias, ¡qué vejez mas atractiva¡



EL TIEMPO
noviembre 23, 2016, 5:33 pm
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       E L   T I E M P O

El presente es un lugar móvil donde se dan la mano el pasado y el futuro.

No existe como tal, sin embargo ocupa el lugar más importante en nuestras vidas.

Medimos su presencia por el tiempo y éste es su cuento:

En el país de las horas vivía el Rey Día.

Este, se rodeaba de 24 doncellas numeradas de la una a las doce.

Cada doncella poseía 60 pajes y cada paje 60 cascabeles que hacían sonar y eran los que daban el tic-tac.

El Rey escogía una de las doncellas para hacer el amor sin importarle si el sol o la luna le iluminaba en ello.

Así nacieron sus siete hijos.

En el instante que la tierra brillaba por la luz del sol que se alzaba perezoso en el horizonte daba la bienvenida al nacimiento de su primer hijo, un ser triste, cansado, sin mucha energía lleno de pereza e indolencia al que llamó, LUNES.

Cuando nació MARTES, éste pronto puso de manifiesto sus dotes de dar guerra, llorón, simple y de rápidos cambios de humor acaparó la atención de las doncellas y pajes de manera obsesiva con gran desesperación del Rey Día.

El tercero de sus hijos creció con cuerpo atlético partidario de todas las competiciones deportivas, elocuente y con dotes comerciales, generalmente sucio y marcado de ceniza llamaron MIERCOLES.

Al mayor y más gordo de todos los hermanos, brillante, dominante, con dotes de jefe, guía y conductor de la colectividad familiar siempre por delante de las carnestolendas le gusta que le llamen JUEVES.

Su madre que era la quinta doncella, cuando nació el quinto hijo quiso que se llamara VIERNES, de carácter terco y de repetir insistentemente lo que oye ó sabe venga o no a propósito, siempre con grandes promesas que luego quedan en agua de borrajas ya que la mayoría de ellas no las cumple, es el ojo derecho del Rey Día.

El SABADO es otra cosa, le gustan las reuniones y ferias siempre quiere ir de la mano de su hermano el juerguista llamado DOMINGO que a su vez es inquieto, irreflexivo pero al que adoran los siete hermanos.



MARIA TREMOLINAka
noviembre 23, 2016, 5:10 pm
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MARIA TREMOLINAka

En la aldea hay dos plazas de similares dimensiones, una llamada Plaza Nueva la otra Plaza Vieja.

Entre la casa consistorial y la parroquial se haya situada la primera.

En ésta, subiendo un par de peldaños se encuentra una fuente de tres caños que derrama abundante y constante agua a una vasija cóncava y de allí, a los estanques o abrevaderos situados a los lados.

Ni un solo árbol que proporcione sombra.

Ni un jardín ó rosal improvisado en una esquina.

Ni un banco donde sentarse.

Solo… agua, peldaños y terreno de diferentes dibujos simétricos en el suelo realizados con piedras rodadas de río.

A cien metros de distancia, la Plaza Vieja.

Sus dos filas de árboles con ramas entrelazadas ofrecen resguardo y sombra a los bancos de madera situados bajo ellos.

El improvisado aparcamiento de coches sin orden ni concierto altera el espacio disponible propio del lugar

Hay que añadir un par de bares situados estratégicamente.

Sin duda alguna, éste es el lugar apropiado para el que necesita:

– Resguardarse del sol y aire.

– Descansar sobre las nalgas a cualquier hora del día.

– Disponer de coche como objeto necesario.

– Y por último, bebidas diversas para saciar las necesidades según horario y estado de ánimo.

Inevitablemente, los padres.

Los hijos mientras tanto sin control progenitor arrasan la Plaza Nueva.

En ella encuentran:

Espacio…agua…y escalones.

En uno de ellos se encuentra sentada Maria Tremolinaka, una chiquilla huesuda que con su andar estropearía la estética de cualquier fila, de violento carácter, pelo encrespado y cruel con los animales.

Conoce la existencia de una gata con un suave color caramelo en el pelo y aires de bailarina que practica sus saltos y piruetas entre las ramas de los árboles de la Plaza Vieja, y que diariamente a una hora determinada viene a saciar su sed al abrevadero.

La gata se llama Miss…Miss, por lo menos responde a quienes le susurran así y le lanzan aceitunas al aire que ella alcanza al vuelo tras unas volteretas increíbles.

Miss-Miss, conoció a Maria tremolina-ka un día que bebía confiadamente en la fuente y ésta se acercó silenciosamente e intentó ahogarla en la vasija sujetándole la cabeza bajo el agua.

Un arañazo en la mano derecha le recuerda a ella su fracaso.

Ahora todos los días, miden sus fuerzas y habilidades desde las distintas zonas de la plaza.

Miss-Miss, avanza cauta y sigilosa, sabe que la chiquilla le observa detenidamente aunque parezca lejana y distante, Maria Tremolinaka envidia sus pasitos elegantes y sueltos, su gracia felina y el pelo suave color caramelo

En el otro extremo de la plaza la gata se detiene a considerar la situación y en tres ágiles saltos se sitúa al borde del abrevadero bebiendo agua del mismo a pequeños sorbos.

Maria Tremolinaka, se levanta con violencia y acortando rápida la distancia intenta agarrar su cola, pero Miss-Miss con impulso y ligereza se sitúa en la fuente y desde allí cae con gracia en el otro abrevadero, haciendo una pirueta de bailarina se aleja una vez mas dejando contrariada por su fracaso a Maria Tremolinaka.

En el balcón de la casa parroquial hay una jaula con un loro parlanchín llamado Pitití.

Desde su situación privilegiada en cuanto a vistas, observa todos los días el enfrentamiento entre los dos y con frecuencia anima con algaraza ó gritería a los desafiantes.

¡Maria Tremolinaka¡¡Maria Tremolinaka¡…

¡Miss¡Miss¡Miss¡…

Aquella mañana Pitití inquieto y poco juicioso a la vez que jaleaba se golpeaba con violencia contra los barrotes de la jaula, una pluma de vivo color se desprendió de su cuerpo e impulsada por el aire comenzó un baile silencioso de descenso hacía la plaza.

La gata en su retirada se detuvo contemplándola con atención, ella que sabía apreciar los suaves movimientos del baile miraba expectante sus piruetas.

También Maria Tremolinaka seguía atenta sus idas y venidas.

Pitití no entendía a que era debida la tregua entre los dos contrincantes y seguía jaleando

¡Maria Tremolinaka¡¡Maria Tremolinaka¡…

¡Miss¡¡Miss¡Miss¡…

Pero ni uno ni otro le escuchan.

Una ráfaga de aire apenas perceptible para los demás guió la pluma hacía el agua.

Ya para entonces la chiquilla levanta los brazos y salta para apoderarse de ella sin conseguirlo acercándose imprudentemente al pequeño receptáculo con agua de la fuente en el que finalmente tropieza y cae de bruces sumergiendo en el líquido parte de su vestido y zapatillas.

Mientras trata de enderezarse y evitar el chorreo verifica lo inevitable, Miss-Miss ya la había capturado

La rabieta es terrible, lamenta vivamente su pérdida derramando lágrimas y manifestando ruidosamente su desagrado.

Pitití ante una contrincante tan ruidosa opta por el silencio mientras observa desconcertado las patadas de ésta contra las piedras rodadas del suelo.

A cien metros de distancia ni un solo padre se da por aludido, tampoco Miss-Miss que sin dejarse impresionar por la escena sujetando delicadamente la pluma con la boca se aleja hacía la Plaza Vieja.

Una vez en el árbol coloca ésta de modo que se ajuste ó adapte a las ramas entrelazadas quedando satisfecha de su perfecto hacer y bello resultado.

A su regreso unos y otros le susurran Miss-Miss…mientras le ofrecen aceitunas, patatas fritas… pero la gata ha perdido su interés por obtenerlos el colorido de la pluma le tiene fascinada y un deseo vehemente de aumentar su patrimonio se está apoderando de ella.

Salta de rama en rama hasta subir a la parte más alta y desde ésta al tejado del bar, los cien metros que discurren entre las dos plazas están comunicados con edificios unidos de modo que entre ellos no queda hueco ó falto de correspondiente solidez y de un tejado a otro llega fácilmente a la casa parroquial.

Apoyándose en el borde del canalón contempla la jaula donde el parlanchín Pitití una y otra vez repite sus ocurrencias, su plumaje aquélla tarde de verano brilla con todo esplendor.

Miss-Miss se siente enamorada…

De una arriesgada pirueta llega al balcón asustando al loro que enmudece al observar a la bella gata color caramelo apoyada sobre su jaula examinándole con atención.

Pasado el susto, comprende la admiración que despierta y coqueto extiende sus alas suavemente.

Un dulce ronroneo le confirma el agrado y las intenciones de ella.

Pitití responde con hablar quedo mientras picotea el barrote en señal de aprobación Miss-Miss…

El canto monótono, dulce y halagüeño de éste enamora más perdidamente a la gata que quiere estar con su amado y comienza a rodear la jaula en busca del medio para conseguir liberarlo.

Pronto observa el pistillo ó cerrojo y lo coloca de modo que la abertura cerrada deja de estarlo.

Por ella asoma el loro perplejo y asombrado, al momento agita las hermosas alas elevándose por el aire con presteza y rapidez, dejando a la enamorada plantada en el balcón.

Maria Tremolinaka desde la Plaza Nueva no ha perdido detalle de los acontecimientos y aplaude el desplante, pero no puede evitar que una cagada ó excremento evacuado por Pitití en su vuelo hacia el campanario caiga sobre ella y su vestido mojado.

La chiquilla huesuda de pelo encrespado sucia y húmeda, está a punto del segundo berrinche del día en la plaza cuando sus progenitores relajados…y con suficiente

gimnasia manual realizada con los vasos de vidrios hacen acto de presencia en el lugar quedando asombrados del aspecto deplorable de la misma.

Sin medir palabra exigiendo justificación a su apariencia y conocedores de su violento carácter le arrean en las nalgas y tirando de ella se retiran entre amenazas y protestas.

Miss-Miss, desde la barandilla del balcón de la casa parroquial contempla el vuelo feliz e indiferente alrededor del campanario del loro responsable en parte de la zurra y el llanto de Maria Tremolinaka.

Abandona la casa parroquial para volver a su destino y entre las ramas busca su bella pluma para acariciarla sosegadamente.

Miss-miss… entre sueños escucha el canto monótono y dulce de su enamorado… hasta que el pico corvo y robusto del ave la despierta.

Enlazado entre su pelo color caramelo hay varias plumas de Pitití cubriéndola.

Nada ha cambiado…

Y ha cambiado todo. Entre los árboles de la Plaza Vieja una enamorada gata color caramelo y un loro parlanchín, saltan, vuelan, hacen piruetas y la delicia de quienes los observan.



LAS RODILLAS
noviembre 23, 2016, 3:43 pm
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LAS RODILLAS

Habían llegado a la jubilación hacía un par de años y disfrutaban de ella.

El camino recorrido juntos hasta alcanzarla, había transcurrido unas veces agarrados de la mano y otras a rodillazos.

Afirman los entendidos que la edad de las personas está en la cabeza pero lo cierto es que, son los huesos y habitualmente de forma dolorosa quienes se encargan de recordar nuestra edad real.

Para bien o para mal muchos de estos huesos los tenemos duplicados, por ejemplo en las rodillas.

En la juventud, cuando alegres y nerviosas las amantes parejas se entrelazaba en un baile, siempre, entre los dos muslos una rodilla contraria buscaba impaciente la oquedad para separar a éstos, y firme y testaruda en aquel ambiente anhelado se movía con destreza al son de un tango, un pasodoble, o cualquier otra danza que se interpretase.

Con el paso del tiempo dejaron de entrometerse en el ritmo de la música, y se hicieron torpes y hasta estéticamente desgarbadas.

También es cierto, que en el paso del tiempo habían adquirido otros valores pues ahora, tenían el don de predecir los cambios del tiempo atmosférico con varios días de antelación sin necesidad de recurrir a sofisticados artilugios modernos.

Pero a pesar de todo, a éste par de jubilados les llevaron sus rodillas ilusionados a fiestas de Bilbao un viernes del mes de Agosto.

En el parque de Etxeberría desafiando al cielo una gran noria les tentó por su altura y sin dudar un momento se subieron a ella, no sin antes regatear sin éxito el precio del viaje alegando su condición de jubilados.

Al ponerse en marcha la misma, no pudieron evitar un pequeño hormigueo en el estómago que fue superado para la segunda vuelta.

Desde la altura, en la evolución del movimiento gravitatorio para envidia de los que no se atrevían a subir al artilugio se disfrutaba de una esplendida vista de Bilbao en aquella tarde festiva y veraniega, y en su curiosidad, los dos iban señalando hasta de forma atropellada con gestos y voces los distintos edificios que reconocían en la distancia..

Entonces ocurrió:

Por causas que no hacen al caso, (hay quien piensa que podía ser una avería o una interrupción en el suministro eléctrico) la noria se detuvo, dejando a los dos jubilados en la zona más alta allá donde la distancia es más lejana del punto donde alegremente se habían atrevido a montar, dentro de su cabina y balanceándose ésta suavemente según Eolo lo dispusiese.

Y… fueron las rodillas de él las que comenzaron a temblar incontroladamente mientras se agarraba con las dos manos a la barra de seguridad con tanta intensidad, que la piel sobre los nudillos se encontraba al límite de su flexibilidad y completamente blancos.

Y… fueron las manos de ella las que se apoyaron sobre sus temblorosas rodillas sujetándolas al principio con firmeza, para después poco a poco acariciándolas comenzar a separarlas y buscar su hueco entre ellas.

El contacto duró el tiempo necesario mientras la reparación del supuesto corte de energía alcanzó su objetivo, y la noria lentamente volvió a su traslación.

Al bajar de ella, un joven imberbe le gritó señalándole la bragueta:

“Abuelo que te has meado del susto”

El jubilado sonriendo sofocado le contestó:

“Solo me han temblado las rodillas… sólo las rodillas…”



EL DELANTAL
noviembre 23, 2016, 2:56 pm
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herrero-y-forjador-imagen-animada-00351  

EL DELANTAL

Un mandil de cuero que en su anterior vida fue pellejo de un magnifico cerdo llamado “Panocho”, fue curtido preparado y cosido para colgar del cuello de un herrador de oficio, que en su ocupación diaria se dedicaba a calzar el ganado y forjar metales en su taller o fragua.

Cerca del lugar, una bonita hortelana cultivaba diariamente su huerto con fresas hortalizas y legumbres, cubriendo su falda con un delantal de lino que se revestía de una guarnición fruncida en todo su extremo.

Este material textil blando dulce y grato a los sentidos, enloquecía al mandil que se consideraba en comparación basto y sin tersura.

Sabedora ésta del interés que despertaba en su vecino, no desperdiciaba ocasión de fijar su atención en él para descubrir o estimar sus diferencias o semejanzas, mientras coqueteando movía al aire su volante en forma de saludo.

Aquella mañana de primavera la hortelana recogía fresas maduras dando amparo y colocando pausadamente en el delantal sujeto por los dos extremos, una a una el fruto rojo.

Un rapaz hizo su presencia en el lugar atropellando en su precipitación la carretilla que le obstruía el paso, para introducir con codicia la mano en el regazo buscando el fruto ansiado, mientras una materia viscosa fluía de su nariz.

La hortelana sin perder la mesura, soltó un extremo del delantal mientras lo sujetaba con destreza del otro y de un rápido movimiento pasó el lino por su cara llevándose con presteza los mocos que caían por su rostro. Una vez saciado su deseo, el muchacho desapareció con la misma urgencia que había hecho acto de presencia, pero sin el humor pegajoso que segregaba sus mucosas.

Desde la fragua el mandil que observaba todo a distancia se dijo:

¡Para cuántas cosas sirve ese precioso delantal ¡…

El, no tenía flexibilidad y su única cualidad consistía en cubrir del pecho a la rodilla la ropa del herrero, en su trabajo diario en la fragua.

Meditaba sobre ello, cuando ocurrió algo sorprendente.

La hortelana, colocó las fresas sobre una loza y con una ligera duda escogió la más hermosa y jugosa de todas ellas, se acercó al herrero con gesto provocativo y mientras le introducía la fruta en su boca le pregunto:

…¿Está mi puchero arreglado?…

Los ojos de éste brillaron burlones mientras saboreaba la fresa, y sujetándole con las dos manos por su cintura la atrajo hacía él murmurando a su oído:

…¡Tu puchero está perfecto¡…

Y en aquel momento, el delantal de lino con su volante quedó unido al mandil de modo que entre ellos no quedó espacio.

El frunce de la prenda femenil que le frotaba ligeramente exhalaba un olor a fruto fecundado que le excitaba, así que el pellejo de “Panocho”, se dejó acariciar por el tan suspirado y servicial delantal sin importarle los pegajosos mocos.

Y hubiera seguido aspirando su aroma sino hubiera sido precipitadamente descolgado del cuello por el herrero que le arrojó inconsideradamente al suelo.

Iba a maldecir su suerte cuando de nuevo, éste, tirando del lazo que rodeaba la cintura de ella soltó el nudo fácilmente, y el suave textil se deslizó sobre su mandil.

Estaba su estado de ánimo en plena conmoción intentando acomodarse bajo el delantal, cuando la briosa hortelana se desprendió del abrazo, recogió el delantal y utilizándolo como manopla para guarnecer la mano del calor, retiró el puchero del fogón y a continuación aireándose con donaire se alejó por donde había venido.

Sin perder su sonrisa, el herrero levantó su mandil mientras que con voz recia le decía… 

¡Volverás a traerme tu puchero…¡

El cuero del cerdo Panocho ejercía nuevamente su ocupación ordinaria cubriendo a su dueño, ilusionado confiaba en las palabras de éste mientras por lo bajito canturreaba…

¡Para cuántas cosas sirve ese bonito delantal ¡…