Cuentos de Mila


LAS RODILLAS
noviembre 23, 2016, 3:43 pm
Filed under: cuentos cortos, fabulas, relatos cortos, Uncategorized | Etiquetas: , ,

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LAS RODILLAS

Habían llegado a la jubilación hacía un par de años y disfrutaban de ella.

El camino recorrido juntos hasta alcanzarla, había transcurrido unas veces agarrados de la mano y otras a rodillazos.

Afirman los entendidos que la edad de las personas está en la cabeza pero lo cierto es que, son los huesos y habitualmente de forma dolorosa quienes se encargan de recordar nuestra edad real.

Para bien o para mal muchos de estos huesos los tenemos duplicados, por ejemplo en las rodillas.

En la juventud, cuando alegres y nerviosas las amantes parejas se entrelazaba en un baile, siempre, entre los dos muslos una rodilla contraria buscaba impaciente la oquedad para separar a éstos, y firme y testaruda en aquel ambiente anhelado se movía con destreza al son de un tango, un pasodoble, o cualquier otra danza que se interpretase.

Con el paso del tiempo dejaron de entrometerse en el ritmo de la música, y se hicieron torpes y hasta estéticamente desgarbadas.

También es cierto, que en el paso del tiempo habían adquirido otros valores pues ahora, tenían el don de predecir los cambios del tiempo atmosférico con varios días de antelación sin necesidad de recurrir a sofisticados artilugios modernos.

Pero a pesar de todo, a éste par de jubilados les llevaron sus rodillas ilusionados a fiestas de Bilbao un viernes del mes de Agosto.

En el parque de Etxeberría desafiando al cielo una gran noria les tentó por su altura y sin dudar un momento se subieron a ella, no sin antes regatear sin éxito el precio del viaje alegando su condición de jubilados.

Al ponerse en marcha la misma, no pudieron evitar un pequeño hormigueo en el estómago que fue superado para la segunda vuelta.

Desde la altura, en la evolución del movimiento gravitatorio para envidia de los que no se atrevían a subir al artilugio se disfrutaba de una esplendida vista de Bilbao en aquella tarde festiva y veraniega, y en su curiosidad, los dos iban señalando hasta de forma atropellada con gestos y voces los distintos edificios que reconocían en la distancia..

Entonces ocurrió:

Por causas que no hacen al caso, (hay quien piensa que podía ser una avería o una interrupción en el suministro eléctrico) la noria se detuvo, dejando a los dos jubilados en la zona más alta allá donde la distancia es más lejana del punto donde alegremente se habían atrevido a montar, dentro de su cabina y balanceándose ésta suavemente según Eolo lo dispusiese.

Y… fueron las rodillas de él las que comenzaron a temblar incontroladamente mientras se agarraba con las dos manos a la barra de seguridad con tanta intensidad, que la piel sobre los nudillos se encontraba al límite de su flexibilidad y completamente blancos.

Y… fueron las manos de ella las que se apoyaron sobre sus temblorosas rodillas sujetándolas al principio con firmeza, para después poco a poco acariciándolas comenzar a separarlas y buscar su hueco entre ellas.

El contacto duró el tiempo necesario mientras la reparación del supuesto corte de energía alcanzó su objetivo, y la noria lentamente volvió a su traslación.

Al bajar de ella, un joven imberbe le gritó señalándole la bragueta:

“Abuelo que te has meado del susto”

El jubilado sonriendo sofocado le contestó:

“Solo me han temblado las rodillas… sólo las rodillas…”

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