Cuentos de Mila


MARIA TREMOLINAka
noviembre 23, 2016, 5:10 pm
Filed under: cuentos cortos, fabula, relatos cortos | Etiquetas: , ,

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MARIA TREMOLINAka

En la aldea hay dos plazas de similares dimensiones, una llamada Plaza Nueva la otra Plaza Vieja.

Entre la casa consistorial y la parroquial se haya situada la primera.

En ésta, subiendo un par de peldaños se encuentra una fuente de tres caños que derrama abundante y constante agua a una vasija cóncava y de allí, a los estanques o abrevaderos situados a los lados.

Ni un solo árbol que proporcione sombra.

Ni un jardín ó rosal improvisado en una esquina.

Ni un banco donde sentarse.

Solo… agua, peldaños y terreno de diferentes dibujos simétricos en el suelo realizados con piedras rodadas de río.

A cien metros de distancia, la Plaza Vieja.

Sus dos filas de árboles con ramas entrelazadas ofrecen resguardo y sombra a los bancos de madera situados bajo ellos.

El improvisado aparcamiento de coches sin orden ni concierto altera el espacio disponible propio del lugar

Hay que añadir un par de bares situados estratégicamente.

Sin duda alguna, éste es el lugar apropiado para el que necesita:

– Resguardarse del sol y aire.

– Descansar sobre las nalgas a cualquier hora del día.

– Disponer de coche como objeto necesario.

– Y por último, bebidas diversas para saciar las necesidades según horario y estado de ánimo.

Inevitablemente, los padres.

Los hijos mientras tanto sin control progenitor arrasan la Plaza Nueva.

En ella encuentran:

Espacio…agua…y escalones.

En uno de ellos se encuentra sentada Maria Tremolinaka, una chiquilla huesuda que con su andar estropearía la estética de cualquier fila, de violento carácter, pelo encrespado y cruel con los animales.

Conoce la existencia de una gata con un suave color caramelo en el pelo y aires de bailarina que practica sus saltos y piruetas entre las ramas de los árboles de la Plaza Vieja, y que diariamente a una hora determinada viene a saciar su sed al abrevadero.

La gata se llama Miss…Miss, por lo menos responde a quienes le susurran así y le lanzan aceitunas al aire que ella alcanza al vuelo tras unas volteretas increíbles.

Miss-Miss, conoció a Maria tremolina-ka un día que bebía confiadamente en la fuente y ésta se acercó silenciosamente e intentó ahogarla en la vasija sujetándole la cabeza bajo el agua.

Un arañazo en la mano derecha le recuerda a ella su fracaso.

Ahora todos los días, miden sus fuerzas y habilidades desde las distintas zonas de la plaza.

Miss-Miss, avanza cauta y sigilosa, sabe que la chiquilla le observa detenidamente aunque parezca lejana y distante, Maria Tremolinaka envidia sus pasitos elegantes y sueltos, su gracia felina y el pelo suave color caramelo

En el otro extremo de la plaza la gata se detiene a considerar la situación y en tres ágiles saltos se sitúa al borde del abrevadero bebiendo agua del mismo a pequeños sorbos.

Maria Tremolinaka, se levanta con violencia y acortando rápida la distancia intenta agarrar su cola, pero Miss-Miss con impulso y ligereza se sitúa en la fuente y desde allí cae con gracia en el otro abrevadero, haciendo una pirueta de bailarina se aleja una vez mas dejando contrariada por su fracaso a Maria Tremolinaka.

En el balcón de la casa parroquial hay una jaula con un loro parlanchín llamado Pitití.

Desde su situación privilegiada en cuanto a vistas, observa todos los días el enfrentamiento entre los dos y con frecuencia anima con algaraza ó gritería a los desafiantes.

¡Maria Tremolinaka¡¡Maria Tremolinaka¡…

¡Miss¡Miss¡Miss¡…

Aquella mañana Pitití inquieto y poco juicioso a la vez que jaleaba se golpeaba con violencia contra los barrotes de la jaula, una pluma de vivo color se desprendió de su cuerpo e impulsada por el aire comenzó un baile silencioso de descenso hacía la plaza.

La gata en su retirada se detuvo contemplándola con atención, ella que sabía apreciar los suaves movimientos del baile miraba expectante sus piruetas.

También Maria Tremolinaka seguía atenta sus idas y venidas.

Pitití no entendía a que era debida la tregua entre los dos contrincantes y seguía jaleando

¡Maria Tremolinaka¡¡Maria Tremolinaka¡…

¡Miss¡¡Miss¡Miss¡…

Pero ni uno ni otro le escuchan.

Una ráfaga de aire apenas perceptible para los demás guió la pluma hacía el agua.

Ya para entonces la chiquilla levanta los brazos y salta para apoderarse de ella sin conseguirlo acercándose imprudentemente al pequeño receptáculo con agua de la fuente en el que finalmente tropieza y cae de bruces sumergiendo en el líquido parte de su vestido y zapatillas.

Mientras trata de enderezarse y evitar el chorreo verifica lo inevitable, Miss-Miss ya la había capturado

La rabieta es terrible, lamenta vivamente su pérdida derramando lágrimas y manifestando ruidosamente su desagrado.

Pitití ante una contrincante tan ruidosa opta por el silencio mientras observa desconcertado las patadas de ésta contra las piedras rodadas del suelo.

A cien metros de distancia ni un solo padre se da por aludido, tampoco Miss-Miss que sin dejarse impresionar por la escena sujetando delicadamente la pluma con la boca se aleja hacía la Plaza Vieja.

Una vez en el árbol coloca ésta de modo que se ajuste ó adapte a las ramas entrelazadas quedando satisfecha de su perfecto hacer y bello resultado.

A su regreso unos y otros le susurran Miss-Miss…mientras le ofrecen aceitunas, patatas fritas… pero la gata ha perdido su interés por obtenerlos el colorido de la pluma le tiene fascinada y un deseo vehemente de aumentar su patrimonio se está apoderando de ella.

Salta de rama en rama hasta subir a la parte más alta y desde ésta al tejado del bar, los cien metros que discurren entre las dos plazas están comunicados con edificios unidos de modo que entre ellos no queda hueco ó falto de correspondiente solidez y de un tejado a otro llega fácilmente a la casa parroquial.

Apoyándose en el borde del canalón contempla la jaula donde el parlanchín Pitití una y otra vez repite sus ocurrencias, su plumaje aquélla tarde de verano brilla con todo esplendor.

Miss-Miss se siente enamorada…

De una arriesgada pirueta llega al balcón asustando al loro que enmudece al observar a la bella gata color caramelo apoyada sobre su jaula examinándole con atención.

Pasado el susto, comprende la admiración que despierta y coqueto extiende sus alas suavemente.

Un dulce ronroneo le confirma el agrado y las intenciones de ella.

Pitití responde con hablar quedo mientras picotea el barrote en señal de aprobación Miss-Miss…

El canto monótono, dulce y halagüeño de éste enamora más perdidamente a la gata que quiere estar con su amado y comienza a rodear la jaula en busca del medio para conseguir liberarlo.

Pronto observa el pistillo ó cerrojo y lo coloca de modo que la abertura cerrada deja de estarlo.

Por ella asoma el loro perplejo y asombrado, al momento agita las hermosas alas elevándose por el aire con presteza y rapidez, dejando a la enamorada plantada en el balcón.

Maria Tremolinaka desde la Plaza Nueva no ha perdido detalle de los acontecimientos y aplaude el desplante, pero no puede evitar que una cagada ó excremento evacuado por Pitití en su vuelo hacia el campanario caiga sobre ella y su vestido mojado.

La chiquilla huesuda de pelo encrespado sucia y húmeda, está a punto del segundo berrinche del día en la plaza cuando sus progenitores relajados…y con suficiente

gimnasia manual realizada con los vasos de vidrios hacen acto de presencia en el lugar quedando asombrados del aspecto deplorable de la misma.

Sin medir palabra exigiendo justificación a su apariencia y conocedores de su violento carácter le arrean en las nalgas y tirando de ella se retiran entre amenazas y protestas.

Miss-Miss, desde la barandilla del balcón de la casa parroquial contempla el vuelo feliz e indiferente alrededor del campanario del loro responsable en parte de la zurra y el llanto de Maria Tremolinaka.

Abandona la casa parroquial para volver a su destino y entre las ramas busca su bella pluma para acariciarla sosegadamente.

Miss-miss… entre sueños escucha el canto monótono y dulce de su enamorado… hasta que el pico corvo y robusto del ave la despierta.

Enlazado entre su pelo color caramelo hay varias plumas de Pitití cubriéndola.

Nada ha cambiado…

Y ha cambiado todo. Entre los árboles de la Plaza Vieja una enamorada gata color caramelo y un loro parlanchín, saltan, vuelan, hacen piruetas y la delicia de quienes los observan.

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