Cuentos de Mila


AISLADOR
marzo 22, 2017, 9:59 am
Filed under: cuento corto, cuentos cortos, Uncategorized

Soy una porción limitada de materia maleable de color gris muy útil en la industria.

Me llamo “Aislador” porque no permito el paso de la electricidad (por muy poderoso agente que se manifieste) dentro de mi.

Y una vez realizada la presentación voy a contaros:

 Durante años, formando una vía terrestre nos elevaron por terrenos con más o menos dificultad, para abastecer de corriente eléctrica a los más alejados caseríos y edificios unidos o cercanos a ellos.

Llegaron nuevos tiempos y fui desechado por antiguo, en mi función de aislar cables de alta tensión en un poste característico que conformaba el paisaje.

Los nuevos brazos metálicos de electricidad con su pose de poderío y altura tenían sus propios colaboradores.

Y e aquí, que en el ir y venir del cambio, me dejaron abandonado en un terreno húmedo en el que crecía la hierba para pasto.

La diferencia fue notable, acostumbrado a estar elevado sobre la tierra azotado por las inclemencias del tiempo, me hallé extendido por el suelo sobre una materia orgánica  desmenuzable  muy cómoda y confortable.

Al llegar la primavera, fui rodeado de hierba y flores que arraigaron junto a mí, más tarde llegó y se asentó la hierbabuena, y con su agradable aroma me hizo olvidar cualquier añoranza de tiempos pasados.

Yo, que fui creado como “aislador” por circunstancias ajenas a mi voluntad, tenía una nueva vida en la que compartía mi insípida materia color gris con infinidad de colores, olores y texturas.

Pasó el tiempo y mi peso iba cediendo el terreno, ya apenas quedaba parte del aislador en la superficie, mi vejez era apacible, un molusco con su concha arrollada en espiral  se instaló al poco tiempo sobre mí, y su baba me acariciaba en su lento paseo diario con un agradable cosquilleo.

Y una tarde soleada fue éste caracol el que llamó la atención de una linda muchacha que acompañada de su padre paseaban por el campo.

El cuerpo blando y desnudo del molusco quiso afianzarse en mí cuando vio que la mocita le sujetaba con sus dedos, pero la materia glutinosa no era lo suficientemente pegajosa como para impedir separarnos.

Y allí estaban a la altura de los ojos frente a frente observándose el caracol y la moza.

El molusco quiso impresionarle y alargó sus cuernos, pero solo una  sonrisa de satisfacción se reflejó en la cara de la bella chiquita, y comenzó entre los dos un juego de toqueteos en el que parecían disfrutar por partida doble.

Y en este momento… Algo llamó la atención del padre y me observó con detenimiento, con ágiles manos comenzó a retirar la tierra que me rodeaba y en pocos minutos quedé desnudo frente a él.

Me observaba ceñudo a pesar de no parecer enojado.

Calibraba el alcance de su hallazgo.

Sopesándome pase de su mano derecha a la izquierda, un movimiento circular…un nuevo giro… ¡demasiado joven!… no me reconocía, era de la generación de los grandes postes de hierro que invaden el campo.

Estaba ya mareado de tantos vaivenes, cuando acompañándoles en su  paseo me depositó al borde de un terreno cercado plantado de vid,  no pude evitar un suspiro.

¿Qué podía hacer…? un nuevo cambio en mi vida sin que yo interviniera, siempre es así, alguien decide por ti lo más conveniente para otros.

La bella chiquita tuvo el detalle de colocar sobre mí el caracol, a éste la experiencia del manoseo no parecía haberle preocupado y comenzó su lento paseo acariciándome otra vez con su baba.

Observando el entorno, comprobé que en un orden lineal unas plantas trepadoras con tallos nudosos y hojas alternas lucían despojadas.

 Me he aclimatado al nuevo paisaje, y he sido testigo directo de la metamorfosis que se ha efectuado en la viña con el trascurso de estos meses.

Primero fueron flores en racimos, para más tarde convertirse en frutos de bayas.

También el caracol Miricól (éste es su nombre) esta encantado, ha cambiado de hábitos, todos los días se dirige hacia las uvas a primera    hora de la mañana para volver al anochecer completamente borrachín, le cuesta mucho subirse sobre mí para el paseo cotidiano y una vez conseguido, en una exaltación extrema, canta y canta entre suspiros y eructos hasta aburrirme, mientras su baba pegajosa huele a vino rancio.

Según me ha contado hace “botellón” con una gordita y joven babosa llamada Lucita que es muy tímida pero se muestra muy enamorada.

Ha prometido presentármela.

Así que aquí estoy yo, ¡un aislador¡ acomodado a la forma mas  conveniente,  a la espera de conocer a un nuevo molusco y vivir nuevas experiencias, ¡qué vejez mas atractiva¡

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