Cuentos de Mila


MEÑIQUE
marzo 22, 2017, 10:39 am
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MEÑIQUE

Soy una de las partes prolongadas en las que termina el pie derecho de Juantxo, exactamente el quinto y más pequeño de todos los dedos llamado Meñique.

Mi dueño es desmañado y falto de habilidad en sus andares, por lo que yo su dedo más pequeño también con muy poca flexibilidad por mi parte, he  llegado al convencimiento de que fui diseñado únicamente para localizar geográficamente todos los muebles de la casa, tanto de día como de noche en su ir y venir por ella.

No mejora la situación cuando salimos a la calle, hay una piedra en la tierra hollada por la que transito habitualmente, con la que me he golpeado tantas veces que hemos llegado a ser amigas íntimas ella y yo.

Juantxo es dueño de una funeraria llamada “Camino del Cielo” que ofrece toda clase de servicios a los familiares de quienes han decidido transitar por él.

A la entrada de la citada funeraria tiene un cancerbero, que es un perro mitológico de tres cabezas que guarda la puerta de los infiernos.

Pues también a éste mi dedo meñique le tiene en su lista  y no hay día en que no libremos un enfrentamiento entre los dos.

Como el cancerbero es de piedra soy yo  el perjudicado, por lo que voy de contusión en contusión y son muchas las veces que entre improperios le  pido que abandone la puerta de “Camino del Cielo” para ir a guardar la de los infiernos.

Y éste creía que era mi destino al día de hoy: Localizador geográfico de muebles, utensilios y piedras.

Pero algo ha cambiado ésta noche 5 de Enero con la llegada de los Reyes Magos.

Juantxo ha recibido de éstos un  regalo extraordinario: CALCETINES.

Son deportivos de algodón peinado… respirables… con cinco dedos… suavidad y densidad en las costuras, confeccionado con máquina de 200 agujas para la mayor definición del diseño de flamencos de plumaje rosa,  que tiene repartidos por el medio tubo.

Es cierto que todas las mañanas mi dueño tiene que perseverar y mantenerse firme a la hora de vestir independientemente cada uno de los dedos, tratando de concordar los ánimos o voluntades independentistas de ellos para  hacer  un todo, pero una vez conseguido, quedamos suavemente protegidos por el algodón peinado, respiramos con ligereza y  me he enamorado del flamenco de plumaje rosa que me rodea con su largo cuello apoyando su pico en mi dedo Meñique.

Mi amiga la piedra ha advertido mi optimismo y hoy me ha saludado al pasar junto a ella con un suave roce.

Pero al llegar junto al cancerbero me he  ocultado tras el cuarto dedo y Juantxo se ha percatado de éste molesto detalle, con poca maña ha extraído su pie del zapato y ha comenzado a frotar y rascar indiscriminadamente todos los dedos, haciéndonos cosquillas y provocando entre nosotros unas risas involuntarias.

Nuestro alboroto ha despertado el interés del perro, y más cuando yo me he erguido para poner al descubierto el hermoso plumaje del flamenco rosa con su pico sobre mi dedo.

Sus tres cabezas me observaban con disgusto (quien guarda la  puerta del infierno no aprecia la belleza) y yo jactándome extraordinariamente de mi propio valor le amenazaba con mi pico.

Cuando Juantxo me ha resguardado de nuevo en su zapato la metamorfosis estaba ya realizada, había mudado mi conducta, ya no me consideraba un    Localizador geográfico de muebles, utensilios y piedras  sino un dedo meñique recubierto con un bello dedil haciendo su entrada “Camino del cielo”.

Cuántas veces un pequeño detalle que acompaña a un hecho, sirve  para  mudar una conducta.

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Campana
marzo 29, 2009, 8:08 pm
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 campana 

En una ermita chiquitina situada en un bonito valle rodeada de caseríos ya viejita pero todavía activa, vivía una campana.

 

Esta se sentía muy orgullosa de su voz, recordaba cuando le instalaron recién construida la ermita y desde la misma contempló el valle ¡que campos más bellos iba a tener a sus pies!

 

Los aldeanos que la rodeaban esperaban impacientes escucharle y ella sin hacerse de rogar y aclarando su garganta se puso a cantar alegremente tan…tan…tan 

 

A todos les gustó y así fue como llegó a ser parte de aquella comunidad.

 

Desde entonces había transcurrido mucho tiempo, ella estaba mas viejita pero su voz apenas había perdido tono y seguía uniendo a todos los vecinos para las celebraciones festivas, tin-ton…tin-ton dos voces diferentes que ella compaginaba en una.

 

Cuando un vecino fallecía, eran nueve las campanas que señoriales anunciaban la desgracia TAN…TAN…TAN separadas entre si por un espacioso silencio.

 

Al mediodía tocaba el ángelus, y cada hora sin retrasarse un minuto daba las campanadas correspondientes.

 

-¡Que vida tan activa!-pensaba la campana-soy imprescindible.

 

Pero un día que contemplaba maravillada la aurora, vio cerrarse un caserío…después al poco tiempo otro…y la vieja ermita quedó abandonada, la hiedra pronto se apoderó de ella y enroscándose en sus viejas piedras llegó hasta el campanario.

 

¿A dónde vas?– le preguntó la campana.

 

Quiero estar contigo,- le contestó, y diciendo esto se abrazó a ella.

 

Suéltame hierba verde!-se enfadó la campana-¿no ves que si tu me sujetas no doy el tono apropiado de voz?

 

Pero ya era tarde, la hiedra se enroscaba en el metal y le asfixiaba a duras penas pudo entonar un suave lamento de despedida.

 

Allí quedó para siempre en silencio quien vivió con total intensidad su momento.

 

LA CAMPANA



Manzanilla
marzo 26, 2009, 2:34 pm
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  manzanilla1

  

Érase una vez una planta llamada “Manzanilla” que crecía esparciendo su aroma en un valle que se extendía junto a un hermoso lago.

 

“Manzanilla” era pequeña pero bonita, quizás más que su belleza resaltaba en ella su aroma, le gustaba perfumarse a primera hora de la mañana y tumbarse al sol permaneciendo bajo él y sabiéndose deseada durante el resto del día.

 

Una mañana calurosa de verano despertó muy temprano, algo ocurría en su valle que le obligaba a estar alerta. No era el calor, pues este se parecía al de los días anteriores, era más bien el olor -¡Puf, qué asco!- pensó en voz alta  mientras se perfumaba nerviosamente. ¿De dónde me llega éste aroma tan desagradable?

 

Antes de terminar la frase vio ante sí a un animal terriblemente grande y con cuernos que se acercaba rumiando.

 

Por un momento se quedó sin aroma asustada, pero “Manzanilla” no se dejaba impresionar fácilmente así que una vez repuesta del susto se enderezó y le gritó al intruso.

 

-¡Eh bicho, fuera de mi valle! tu olor apesta y me resultas desagradable-

 

La vaca -porque era una vaca- se detuvo y la buscó con la mirada, allí entre su pasto había una pequeña cosita que le estaba insultando, resopló e intentó dar un paso para adelante cuando “Manzanilla” le frenó en seco.

 

-¡Quieto ahí bicho tonto! me estas fastidiando el día, ¿qué hay en ti que huele tan mal?-

                                                                                                                                                              -No soy yo- Contestó con voz grave la vaca, sino mis cacas lo que a ti tanto te molestan y diciendo esto una gran cagada calló a un metro de manzanilla.

 

Esta sintió el impacto en la tierra y al instante quedó mareada por el aroma que se extendió hacía ella, apenas podía hablar ni tampoco respirar.

 

La vaca consciente de su poder sonreía al verle tan agitada.

 

-Esto es lo que queda de tu familia después de haber servido de sustento- y diciendo esto comenzó alejarse pausadamente.

 

“Manzanilla” se recuperó, sino le había oído mal le había dicho que su perfume del que se sentía tan orgullosa si era absorbido por la glotona vaca se convertía en aquella peste fangosa.

 

-Un momento- le gritó nuestra amiga -No te creo cuando dices que mi aroma no es eterno-.

 

-¿Qué no?- antes de que pudiera reaccionar,”Manzanilla” se encontró pegada a una áspera lengua, que al momento la empujó sin contemplaciones hacía el interior de un oscuro agujero.

 

Allí fue estrujada y aplastada, quiso perfumarse pero no le era posible un líquido pegajoso la rodeaba y la mezclaba con otras plantas a las que no conocía, lloró desolada, quería salir de allí pero no podía poco a poco fue perdiendo su perfume de “Manzanilla” para convertirse en aroma de caca.

 

Al día siguiente salió al exterior estrellándose contra el suelo desde la altura de un metro, y al instante un olor desagradable se extendió por el valle, pero éste lo recibió generoso y lo abrazó al instante dejó que entrara en sus raíces, allí limpió cuidadosamente sus olores y devolvió al exterior dando vida y perfume a una más hermosa “Manzanilla” que la de antes.



El Manzano
marzo 8, 2009, 6:54 pm
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el-manzano

Un manzano presumido lucía sus flores blancas y sonrosadas una mañana templada de primavera.

Hasta sus ramas llegó volando un gorrión de plumaje rojizo y sus gorjeos de garganta rivalizaron en belleza con el manzano.

Antonino, un chaval travieso al pasar junto a él y escucharle se detuvo para buscarle entre las ramas.

El gorrión se sintió observado, pero bribón y pícaro saltaba de un lado a otro mientras entonaba con orgullo todo su repertorio de canto.

El  manzano se molestó, aquel sinvergüenza  que se había instalado en su árbol sin permiso acaparaba  la atención del chaval y no le daba a éste la oportunidad de apreciar las flores tan bellas que le cubrían como si fuera un vestido de novia.

Celoso le increpó -¡calla escandaloso¡… me molestas con tus trinos-

-Yo no canto para ti sino para Antonino- respondió el gorrión.

En un sembrado no lejano vio el manzano un espantapájaros y aprovechando la circunstancia le dijo -¡mira hacía allí¡…alguien se acerca en plan amenazador dispuesto acabar contigo.

El gorrión alzó un ligero vuelo y observó a quien le señalaba el árbol, con un agradable repique volvió a posarse sobre una de las flores mientras le aclaraba:

-Si te refieres aquel espantajo que está en el sembrado puedo decirte para tu tranquilidad que es ficticio, aprovechando la apertura de la bragueta en su pantalón he instalado mi nido en él y estoy criando en el mismo tres gorrioncillos-.

La amenaza se extendía pues con el comienzo del vuelo de estos sería visitado por otros cantores y él no era aficionado a la música, sólo al color de las flores y frutas.

El manzano rabiaba, vivía en el centro de su mundo y aquel pájaro que tenía el centro de otro mundo se cruzaba en su camino arrebatándole protagonismo.

Fue entonces cuando intervino Antonino, sin importarle el mundo de uno y otro sino el suyo, cogió una piedra del camino y con certera vista y giro rápido del brazo la estrelló contra el gorrión.

Este, recibió el impacto inesperado y cayó al suelo con el cuello roto.

Imitando su canto con silbidos y sin ningún remordimiento por su acción por donde había venido el chaval se alejó.

Sorprendido y asustado por la fragilidad de la existencia el manzano quedó en silencio mirando a quien había creído su adversario y no lo era, pues sólo deseaba como él unos instantes de gloria.

Pocos días después la primavera retrocedió y de aquella mañana templada pasó a un anochecer de fuertes vientos e inesperadas heladas.

Las débiles flores blancas y sonrosadas no pudieron soportar el cambio brusco para el que no estaban preparadas.

Cayeron al suelo cubriendo al gorrión que en él se encontraba.

El manzano quedó semi-desnudo feo y abatido, ¡cuánto presumía cuando creía que mucho era lo que tenía!

Llegó el verano.

Con el cambio de estación las ramas que miraban al suelo cargadas de humildad lo hacían también de frutos, desde el espantapájaros cercano tres  gorriones se acercaron  y se posaron en él cantando a trío y el árbol sonrió al escucharles recordando el pasado del que mucho había aprendido.

No somos nadie el centro de nada, ni de uno mismo, ni del mundo, ni de la galaxia, ni del universo…

 



El Faro
marzo 6, 2009, 6:21 pm
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Érase una vez, una garganta entre dos montañas que acoge un sencillo pueblo costero en el que destaca su faro.

La torre alta rodeada de cristales en su parte superior protegiendo motores eléctricos que realizan cambios intermitentes de las lámparas y fuentes de luz, sirve de guía a los navegantes que se acercan buscando un fondeadero seguro y bien abrigado para su barco.

En la base de la torre, una pequeña y fina baldosa marca la cocina y un conjunto de muebles el aposento para dormir.

La unión de éstas con la parte superior se realiza por medio de 84 escalones en forma de espiral sin interrupción.

Un mozo célibe, con unas simples suelas que aseguradas por correas negras desde el pie hasta la pantorrilla protegen sus extremidades inferiores, sube y baja varias veces al día por la escalera de caracol.

Se llama Simeón

A sus 27 años es dueño de un apasionado océano que se extiende hacía el infinito pero no tiene autoridad sobre él.

Cuando las fuerzas del viento alteran la quietud y el sosiego de las olas del mar creando una tempestad, Simeón ágilmente remonta los 84 escalones para observar como se agitan sus entrañas con fuerza y pasión.

Mantiene el ritmo del faro a la entrada del puerto intentando aplacar con su luz la tempestad

Pero el barco que navega sometido a una pasión tan fuerte de poco le sirve la inteligencia que le alumbra su camino, la lucha de uno contra el otro es desigual.

A pesar de ello obedeciendo las maniobras de Rogelio, el patrón que dirige con experiencia y habilidad la pequeña embarcación aquel atardecer invernal tras una intensa disputa, el barco llega a puerto.

Una vez anclado en lugar seguro y realizado un balance de los daños, el patrón desde proa observa detenidamente el faro.

Allí, junto a la luz cree distinguir la silueta de Simeón su gran preocupación y quien influye moralmente en él coartando su voluntad.

Hace ya mucho tiempo que a Rogelio le excitan las pantorrillas del joven farero.

Ya no recuerda con exactitud cual fue el motivo por el que se acercó una mañana de primavera a la torre, fue invitado a un café y en aquella cocina de fina y pequeña baldosa perdió su libertad.

Aquellas sencillas sandalias que se aseguraban  por correas entrelazadas torneando la carnosa y abultada parte posterior de las piernas, le provocaron e inspiraron sentimientos ignorados hasta entonces y el descubrimiento de estos le paralizaron los sentidos.

Desde aquel día Rogelio temía más a su pasión que al mar embravecido.

Con el propósito de canalizar el deseo vehemente que le embargaba  llegó a la conclusión de que eran las sandalias y sus correas las que le provocaban tal ansiedad.

Ahora  de pie en la proa de su barco, ha tomado una determinación:

Le compraría a Simeón unas zapatillas deportivas último modelo, con suela antideslizante y cámara de aire.

Con éste propósito se dirigió a la zapatería más cercana y una eficiente dependienta  le facilitó su petición.

Con la caja bajo el brazo se dirigió al faro y sin explicar sus motivos ofreció el regalo.

Simeón, primero se sorprendió quedando confuso, después se desprendió rápidamente de las sandalias y sin hacer ningún comentario ni objeción calzó las nuevas zapatillas sonriendo complacido ante su comodidad y abrigo sujetando las mismas con un nudo de pescador.

Rápidamente subió los 84 escalones para familiarizarse con ellas.

En el suelo sobre la baldosa quedaron las sencillas sandalias con sus correas, despreciada su utilidad solo quedaba de ellas unas suelas gastadas sin ningún vestigio de provocación

Rogelio las contempló pensativo, viéndolas fuera del lugar habitual comprendió que no eran las que motivaban su ansiedad, pues ésta volvió aparecer cuando el mocetón sonriente bajó con pericia la escalera de caracol

En su mano derecha sostenía firme un farol, en él, una luz irradiando claridad y calor  iluminaba el pequeño aposento.

Es una de las luces del faro– explicó Simeón alargando el brazo y ofreciendo a Rogelio el presente –sin ella, se alterara por unos instantes el parpadeo, pero será un guiño que te envío desde aquí hasta tu barco.

El patrón no pudo contener su alegría a la vez que aceptaba jubiloso el regalo, desde hoy tenía su propia luz y una respuesta a su ansiedad en aquel faro.

Todos los días la pequeña embarcación sale a navegar con el farol encendido sin importarle si es día o noche si hay niebla o sol

Rogelio ya no teme a la mar ni a su pasión, sabe, que un mozo célibe le espera para conducirle primero hasta el fondeadero seguro y abrigado, después hasta el faro. Allí, sobre la pequeña y fina baldosa estarán las zapatillas antideslizantes y con cámara de aire, jadeante subirá los 84 peldaños para contemplar extasiado las pantorrillas de quien despierta y complace sus deseos.

 

 

                                                       

                                           

 



Castaña Paulina
febrero 27, 2009, 1:33 pm
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castana-paulina

 

 

Hace muchísimos años, uno de los dos grandes grupos en que se dividió el reino vegetal fue el de las plantas cuyos órganos sexuales se distinguen a simple vista, y a ésta familia pertenece el castaño.

 

Es un árbol de hojas sencillas, frutos espinosos y acorazados que al llegar a la madurez se abren para dar salida a sus semillas que están cubiertas de una cáscara correosa color caoba y son nutritivas, gratas al paladar, ligeramente saladas y deleitables al ánimo.

 

Me refiero a la castaña, ¿quién sino podría recopilar todos estos adjetivos ?…

 

Una de ellas, llamada Paulina dentro de su coraza se encontraba un atardecer de otoño balanceándose al ritmo de un suave viento sur cuando una ráfaga persistente la desprendió del castaño golpeándola contra el suelo y rodando por una pendiente se detuvo junto a un arroyo.

 

Allí, bajo una piedra dormía la siesta Felipe, un cangrejo pendenciero en su juventud viejo y gordo en la actualidad que despertó al ruido del golpe.

 

Arrastrando su caparazón y levantando las antenas observó el entorno,

comprobando a escasos centímetros el espinoso fruto con una grieta producida por el golpe y en la que en su interior se apreciaba una  jugosa semilla caoba.

 

Sin dudarlo, con su par de fuertes pinzas la atrajo hacía él y su mandíbula se introdujo sin dificultad a pesar de las espinas por el interior de la raja.

 

La piel de la castaña Paulina se doblegaba a su paso fácilmente sin romperse y su tacto era suave y prometedor…

 

Felipe sonrió, aquella era una buena castaña para disfrutarla.

 

Apartó la corteza o envoltura y abrazado a Paulina se sumergió en el agua.

 

Un escalofrió recorrió la simiente al contacto con el liquido que le era desconocido, pero un instante después se encontraba disfrutando de él.

 

Aquél otoño el caudal del arroyo era escaso, venía precedido de un caluroso verano sin lluvias por lo que los guijarros  redondos y lisos donde la apoyó le observaron descarada y minuciosamente.  

 

El cangrejo celoso, la sujetaba con una de sus tenazas mientras amenazante examinaba el entorno.

 

Paulina, comprobó satisfecha que el agua daba brillo a su cáscara color caoba aumentando su belleza y coqueta comenzó a girarse suavemente bajo la tenacilla de Felipe.

 

La calidez del roce bajo la dura corteza no dejó indiferente al cangrejo que la ocultó entre los guijarros con gran rapidez mientras saboreaba poco a poco su deliciosa piel.

 

Y así día a día el ánimo de Felipe iba en aumento, su gusto al paladear la castaña de Paulina era tan intenso y de ésta absorbía tanta vitalidad que su vejez se tonificó y con ella mejoró su viejo aspecto.

 

No le ocurría lo mismo a Paulina que desde que se encontraba recluida entre los guijarros y bajo el ánimo del cangrejo, su piel había dejado de ser suave debido al continuo roce y su precioso color caoba a falta de sol se estaba emblanqueciendo.

 

Una tarde que Felipe reposaba sus sentidos después de un intenso chupeteo y manoseo, arrastrada por el agua llegó una lata de cerveza hasta los guijarros quedando atrapada entre ellos.

 

Paulina la observó con atención, en la lámina estañada había una abertura o quiebra longitudinal a la que ella podría acceder desde una de las piedras…la raja, revivió antiguos recuerdos acorazados de protección y siguiendo un impulso incontrolado se deslizó por ella.

 

Todo fue tan rápido que no hubo ocasión para el arrepentimiento, con el golpe que se dio al entrar la lata salió del atascadero y comenzó a deslizarse suavemente de nuevo por el cauce del arroyo.

  

Felipe despertó sobresaltado y con las antenas alteradas ¡algo fallaba¡… con un rápido giro hacía atrás comprobó que Paulina, SU castaña, no estaba.

 

Rojo de ira removió los guijarros uno tras otro en su búsqueda. 

           

Su enfado aumentaba por momentos.

 

Sus fuertes pinzas chocaban entre si con sonido amenazador.

 

Salió al exterior y observó atentamente el entorno, algo llamó su atención….una lata de cerveza que se deslizaba unos metros mas abajo.

 

Sumergiéndose en el agua comenzó su carrera por darle alcance. No se le escaparía.

 

Un muro construido al través en el arroyo para conducir el agua fuera de su cauce detuvo con otros residuos el envase, y allí la encontró Felipe cuando jadeante y sofocado llegó a la presa.

 

¡¡ PAULINA¡¡…gritó irritado y con excesivo rigor.

 

Esta, en silencio retrocedió al fondo mientras meditaba si la pinza del cangrejo llegaría hasta ella.

 

Pero quien no tenía facultad para impedir la agresión era la lata de cerveza que demasiado débil en sus láminas estañadas para resistir la presión de las pinzas de Felipe comenzó a estrujarse y reducirse de volumen mientras era volteada en el aire por éste.

 

La castaña Paulina iba de un lado a otro y de coscorrón en coscorrón mientras repicaba de prisa y a compás…TAN…TAN…TAN… al golpearse en el interior de la hojalata.

 

Era tan grave y excesivo el TAN…TAN…TAN que verdaderamente asustó a Felipe que lo asoció al castañeo de sus pinzas cuando estaba muy enfadado y con un fuerte coletazo la impulsó al exterior del muro cayendo ésta sobre un terrero llano donde crecían altos y robustos varios castaños y entre ellos con su tronco torcido una higuera.

 

Atrás quedó un cangrejo celoso, gordo y viejo. 

 

Una última abolladura se unió a las anteriores y Paulina  relajó su ánimo cuando percibió quietud y tranquilidad a su alrededor.

 

Poco a poco salió al exterior, a pesar de encontrarse muy magullada sonrió al calor del sol hacía tiempo que no lo sentía en su piel,  y ésta, daba constancia de ello con un aspecto deplorable.

 

Pero su sonrisa se convirtió en una mueca cuando observó detenidamente el paisaje.

 

Aquí y allí se apreciaba los restos de una gran batalla.

 

Los Castaños se encontraban con las ramas doblegadas, hojas rotas, aplastadas y esparcidas por el suelo cortezas que en un tiempo protegían las castañas…

 

Una de ellas, sucia y con las puntas agudas rotas suspiró cerca de Paulina.

 

¿Qué ha ocurrido?-le preguntó ésta-.

 

Lo de todos los años -se lamentó la corteza con débil voz- nos arrancaron del árbol con palos y piedras, una vez en el suelo a pisotones extrajeron nuestras semillas y las más hermosas y brillantes fueron recogidas en cestas y transportadas para su venta.

 

¡Triste destino el nuestro por criar un fruto deseado¡…

 

También  lo son los higos, pero ellos son desprendidos con mimo y delicadeza de sus ramas, -le explicó Paulina señalando el tronco torcido de la higuera-.

 

Nuestros atributos peculiares y distintivos determinan una gran resistencia, esto hace que quienes se acercan a nosotras consideran que pueden y deben doblegarnos con dureza, por un lado para sentir el placer de infundir miedo y por otro gozar de nuestro sabor y belleza.

 

Como ves proporcionamos muchas mas sensaciones que los frutos dulces y blandos de la higuera.

 

La corteza no contestó, su finalidad estaba cumplida y poco a poco se extinguía.

 

Paulina recordó a Felipe y se alegró de su ausencia.

 

Sonrió.

 

Ella, seguía siendo a pesar de todo una semilla nutritiva, grata al paladar, ligeramente salada y deleitable al ánimo que en aquel terreno llano y a la sombras de los castaños germinaría.

 

Disponía de libertad, sol, y tiempo para disfrutar lo que era…

 

            UNA CASTAÑA LLAMADA PAULINA                           

 

 



Ajedrez
febrero 18, 2009, 5:47 pm
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ajedrez6

 

Mi origen es discutido.

La referencia más extendida  me hace originario de la india, pero la leyenda de los supuestos me lleva por Grecia…Roma…

Yo, creo que el general chino Sun Tzu, en el siglo V antes de Cristo cuando afirmó:

“LA MEJOR VICTORIA ES VENCER SIN COMBATIR” se refería a mí.

Como podéis comprobar soy longevo.

Aquí en Europa me instalé en el siglo X

Estoy formado:

Por un tablero de 64 escaques de dos colores, el blanco como nieve ó leche y el negro oscuro como el carbón.

Dos personas pueden medir conmigo su inteligencia y habilidad, pero nunca confiando en el azar.

Averiguando los planes del adversario, aprovechando las oportunidades que ofrece, maniobrando al enemigo de manera que se encuentre indefenso, sembrando confusión sin darle tiempo para hacer planes, hace de mí un juego apasionado.

 

 

 

                                       SOY EL AJEDREZ

 

                                      

 

Mi principal figura es, el REY

Este ha de tener como cualidades:

Sabiduría

Sinceridad

Benevolencia

Coraje y disciplina

Saber actuar de acuerdo con los acontecimientos en forma racional y realista, sin dejarse llevar por las emociones.

Nunca lo consigue.

 En el tablero camina en todas las direcciones pero solo de una casa a otra continua, y más parece que huye y se esconde con la esperanza de sobrevivir, que comprometerse hasta la muerte.

Después del Rey la pieza más importante es la Reina que ejerce la potestad por derecho propio

Es astuta y hermosa

Hace moverse a los enemigos con la perspectiva del triunfo para que caigan en la emboscada, le gusta el orden, es valiente para luchar y dar su vida por el Rey                                                     

Desde el edificio más alto las Torres pueden medir el terreno, valorarlo, calcular, comparar, y luchar en línea recta en todas las direcciones recorriendo cortos y largos caminos sin desorden ni confusión.

Los caballos de mi juego son de ascendencia  árabe, nobles y majestuosos en sus movimientos, atraviesan montañas boscosas, desfiladeros abruptos u otros accidentes difíciles saltando sobre los demás.

El que lleva el estandarte se llama Alfil, camina diagonalmente por los escaques de un color, servidores de su talla son muy útiles al Rey  y al pueblo.

Cuando las palabras no son escuchadas el estandarte les da la visibilidad, él es los oídos y los ojos.

Y por fin llegamos a los peones o soldados.

Son los primeros en caer en combate

La psicología del peón consiste en resistir cuando se ve rodeado, luchar cuando no se puede evitar y obedecer en casos extremos.

Colocados en situación de posible exterminio, lucharan hasta el final.

La guerra solo es de vital importancia para el estado, nunca para los peones.

Una vez comenzado el juego:

En terreno cercado, haz planes

En terreno mortal, lucha

Si tu estrategia y valor es menor que tu adversario retírate y busca una salida, no cuentes con que el enemigo no te ataque, sino confía en poseer los medios para que no puedas ser atacado.

A pesar de que tu mente este en orden y tu corazón totalmente abierto, no serás capaz de adaptarte a ser infalible y dirigir cada cosa sin confusión, así que tus fichas se irán destruyendo a la vez que las de tu enemigo

Si descubres la vulnerabilidad del adversario significa que has llegado a conocerle a él.

Si al acabar el juego eres invencible, te conocerás a ti mismo.