Cuentos de Mila


La Risa
octubre 2, 2009, 3:16 pm
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La Risa

Un día cualquiera a un individuo rico sujeto de distinción, le nació su primogénito.

Fueron muchos los regalos que llegaron a la casa solariega por el fausto acontecimiento del recién nacido pero el mas apreciado de todos fue una cajita dorada que contenía en su interior, la risa.

Al abrirla escapaban del interior ruidosas carcajadas que recorrían los aposentos del hogar alegrando el ánimo de quien las escuchaba.

Pasaron los años y creció el muchacho con mucha risa en su entorno y poco llanto.

Una mañana que se acercó al establo a observar el ganado, llamó su atención una bella moza que extraía leche de una vaca exprimiendo suavemente con sus dos manos las ubres al compás de una canción que con voz afinada entonaba.

Al momento se enamoró de la doncella.

Su ánimo deseó gozarla.

Anheló su figura y sus suaves manos con tal enfermiza persistencia que la razón le negó la risa desapareciendo ésta de la expresión de su boca.  

Pronto la cajita dorada quedó vacía, en su interior no contenía nada y al abrirla solo un aire enrarecido salía de ella.

El individuo inteligente culpó a ésta de la melancolía de su primogénito y una mañana de enfado la arrojó violentamente desde la ventana precipitándola contra el suelo donde quedó destrozada.

Fue la bella moza quien la recogió, con paciencia y sus suaves manos la reparo pero algo falló, aunque su espacio vacío la hacía útil de forma cuadrada con el arreglo no quedó y en la nueva versión  solo lamentos salían de su interior.

“Clotilde” era una gallina clueca sin plumas que compartía espació cubierto en el establo con el resto del ganado, empollaba los huevos firme y pertinaz siempre en el mismo lugar junto a la ventana, no se explicaban el resto de las aves la preferencia del gallo de lustrosos plumaje negro hacia ella, pero es que al fin y al cabo una gallina sin plumas sigue siendo una gallina…aquella mañana al levantarse de su acomodo sobre los huevos llamó la atención de la moza uno de ellos por su gran tamaño y óvalo perfecto.

Con cuidado y esmero lo trasladó al interior de la cajita dorada.

Desde la cáscara hasta la fárfara ó tetilla llegaban los lamentos que en ésta se producían pero el embrión protegido por la clara no dejaba traspasar ninguno de ellos.

Y allí fue donde nació un pollo hermoso sagaz y astuto, que no se dejó impresionar por su lugar de nacimiento e hizo de éste su cagadero.

Tampoco el resto del ganado que no hace preguntas ni repiten habladurías guiados sólo por los sentidos corporales experimentaban tristeza, el tacto suave de las manos de la moza en las urbes exprimiéndolas les resultaba placentero por lo que la leche que salía de ellas seguía siendo exquisita, a ninguno de los que se encontraban en el establo la realidad de la cajita irritaba porque ellos vivían la suya.

Los excrementos que diariamente depositaba el pollo sobre la caja ahogaron día a día los lamentos de ésta y al poco tiempo dejaron de escucharse.

Nunca mejor dicho que perecieron ahogados de mierda.

Pero el joven enamorado sufría, el sufrimiento se padece y con él la desdicha se crea, la risa que malvivía en el país de los sueños no tenía  ánimos para salir de ellos.

Y celoso de la gallina clueca sin plumas y del gallo de lustroso plumaje negro, del hermoso pollo sagaz y astuto, de las vacas con sus urbes abundantes… una trágica tarde acabó con todos.

Cuando las circunstancias caen fuera del dominio de la razón del hombre éste se comporta como cualquier animal.

El establo quedó vacío, la moza motivo y razón del desenlace sin ganado al que ordeñar se alejó del lugar, solo la cajita dorada que llenó de risas su niñez rebosante ahora de excrementos y perdida su función permanecía en el establo.

Al entendimiento humano del joven nadie le explicó que la vida es como una vela que arde, se quema, consume y derrama lagrimas.

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El jabón
septiembre 21, 2009, 2:30 pm
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jabon

Me desliza de una mano a otra mientras me acaricia, y al instante…

Mil globos de espuma se desprenden de mí haciéndome resbaladizo entre ellas.

Suavemente me masajea contra su cuerpo y al contacto con él me vuelvo mimoso y perfumado dejando parte de mi sobre la piel que me desea.

Muchos me envidian por llegar a zonas íntimas que para mí son cotidianas y para ellos sueños que añoran.

Comienzo generalmente por su nuca y como un tobogán bajo hacía su espalda.

Me gusta esconderme entre la piel fina detrás de sus orejas, pero pocas veces lo consigo.

Me tiene embrujado sus pechos, suavemente los acaricio hasta llegar a sus pezones que los rodeo queriendo instalarme en la punta de ellos, pero siempre hay una gota de agua que celosa me empuja hacía abajo.

No me importa, entre sus manos me dejo llevar hasta enredarme en un bosque en el que me frota con avidez y al que yo atendiendo sus deseos formo una gran montaña de espuma con la que ella juguetea.

De allí pasamos a una cueva suave y golosa donde aprecio otros olores diferentes al mío.

Por un instante luchamos entre los dos, siempre gano yo, pero sé que no es por mucho tiempo, si estoy yo el espera que me retire y entonces ocupa mi puesto, hasta que al volver de nuevo con mi presencia retire yo el suyo.

Son ahora unos dedos ágiles y finos los que me empujan por un desfiladero, subimos y bajamos varias veces,  debo de estar alerta pues la parte de mí que no escape entre sus dedos queda en él sofocado.

Pero toda felicidad tiene un final.

Cuando yo he cubierto todo el cuerpo y éste se encuentra bajo los efectos de mi perfume que ya lo ha impregnado en su totalidad, llega un chorro de agua tibia y antipática que con malos modales me empuja, me resisto, procuro ocultarme en diferentes zonas pero se sabe todos mis escondites y antes o después termino por caer al suelo.

No conforme con ello, una y otra vez me arrastra con ella al desagüe.

Mi único consuelo es dejar como última caricia mi perfume en su cuerpo.

Pero me engaño, la última caricia que está recibiendo es la del agua que ahora ocupa mi lugar, ella, en mil borbotones le está haciendo gemir de placer, mientras yo poco a poco me voy deshaciendo y son sus suspiros lo último que escucho.

Volveré mañana de nuevo, al caer la tarde, con gusto la perfumaré como si fuera una Camelia y lo seguiré haciendo hasta gastarme y dejar de ser lo que soy….

        U N   J A B O N   P E R F U M A D O 



Perico
septiembre 11, 2009, 4:17 pm
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Perico

Érase una vez una bella ciudad que tenía en el centro de la misma un hermoso parque.

En éste parque existía un estanque y con el agrado de los vecinos se decidió instalar en el mismo una pareja de patos.

Pero se impuso una condición:

Estos, deberían de ser mudos para no molestar con sus cantos a las personas que vivían juntos a ellos.

Al poco tiempo de estar instalados, de ésta pareja nació un patito al que el guarda del parque bautizó con el nombre de “Perico” a la vez ayudó a la madre a criarlo proporcionándole los quince primeros días, salvado con ortigas para comer.

Llegó el otoño y con él finalizó su crecimiento, “Perico” ya se alimentaba con grano, frutas y verduras que el guarda todos los días convenía en una proporción.

Se había convertido en un pato precioso de pico verde ancho y robusto, plumaje negro salteado con algunas plumas blancas en las alas, dos manchas simétricas en la cabeza, tarsos y dedos rojos.

Pero…”Perico”era mudo, por más que entonaba no conseguía que saliera de su garganta ni un sólo sonido.

Nunca había oído a sus padres por lo que no daba importancia a éste detalle, estaba convencido de que todos los patos eran mudos.

A quien escuchaba todos los días era al guarda que le daba de comer, éste no callaba,

se enojaba si llovía también si el sol calentaba, protestaba por el agua sucia, por las piedras que los niños al estanque tiraban…

“Perico”le oía todos los días refunfuñar mientras pensaba:

-Debe ser muy duro saber hablar pues cada vez que abre la boca es para protestar-

Una tarde de invierno “Perico” agitó sus alas y se dispuso a volar, por primera vez se alejó del estanque y del hermoso parque, dio unas cuantas vueltas a la ciudad y queriendo ver más mundo bajó hasta el río y por la corriente de éste se dejó llevar.

Iba excitado y nervioso, todo le resultaba nuevo, al llegar a un recodo divisó al borde del mismo una gran variedad de árboles y sin dudarlo los sobrevoló.

Allí, en el estanque de un jardín, vio por primera vez un cisne y “Perico” quedó fascinado de su plumaje blanco su cabeza pequeña, cuello muy largo y alas grandes.

Sin dudarlo dos veces se le acercó y éste al verlo le preguntó:

-Tú pato, ¿quién eres?-

 “Perico” se asustó, aquella voz era mucho peor que la del guarda, resultaba un graznido muy desagradable, ¿cómo era posible que algo tan bello sonara tan mal?, y de nuevo volvió a pensar:

-Debe de ser muy duro saber hablar- 

Regresó de nuevo al río y nadó vigorosamente en él, más tarde sobre una roca se posó y como todos los días cuidadosamente su plumaje lavó.

Estaba en ello cuando se fijó que a poca distancia un patito feo le contemplaba mientras suavemente piaba… cua…cua..cua

“Perico” se sobresaltó, era como él y de su garganta sonidos con fuerza y maña manisfestaba, quiso imitarle pero en la suya nada sonaba.

Posiblemente era una cría despistada o por su madre abandonada

-Quizás tenga hambre – se dijo.

Removió repetidamente el fondo del río hasta extraer comida y se lo ofreció.

El patito rápido comió y agradecido repiqueteó, cua…cua…cua

No fue sólo eso, a su lado se quedó y con ojos desamparados le miró.

“Perico” no tuvo valor para alejarse de aquella voz tan dulce y delicada, y cargando con él a sus espaldas volvió de nuevo a casa.

Durante el trayecto el patito no callaba, cua…cua..cua y “Perico” feliz le escuchaba.

Instalados en el estanque pronto el patito creció y durante todo éste tiempo de “Perico” no se apartó, a su vez tampoco calló y lo que al principio era una voz dulce y delicada se convirtió en un quejido aburrido que día y noche protestaba

Resignado nuestro amigo pacientemente escuchaba por un lado al guarda que no callaba y todos los días se quejaba, por otro al patito que continuamente refunfuñaba.

“Perico” volvió a pensar:

-Debe de ser muy duro saber hablar cuando sólo sirve para protestar-

Tenían razón los vecinos cuando pidieron patos mudos, añadiría algo más: que se extienda ésta condición a todos sin excepción que sólo por sus obras y no por sus palabras se les juzgue y ame a los animales y a las personas.



La H
septiembre 4, 2009, 1:18 pm
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H

 

Soy la novena.

No soy la novena sinfonía de Bethowen

Tampoco la novena ó ejercicio devoto qué se practica durante 9 días, dedicada al culto de Dios de la Virgen ó de un  Santo.

Soy la novena letra de nuestro abecedario.

Mi nombre es “h” y carezco de sonido.

Me reconocen por mi figura pero no por la pronunciación de mi letra.

Desconozco a mi creador, pero posiblemente estaba aburrido ó quiso vengarse de la  lengua castellana

Así, si participo en un saludo familiar “hola” estoy presente, pero, en la porción de agua agitada que alternativamente sube y baja en el mar llamada  “ola” no estoy.

La “honda“son unas cuerdas o correas para arrojar piedras que cuenta con mi presencia,  pero si la “onda” es un terreno mas bajo que los de su alrededor, no me requiere.

Tampoco si “ato” uniendo o sujetando unas cuerdas pero sí, en el pequeño ajuar que se llama “hato”

A los individuos de un pequeño pueblo feroz de Asia central, les llaman “Huno” y “uno” es el número que no está dividido en si mismo.

Hay un instrumento que sirve para hilar y enrollar lo hilado llamado “huso, y hay derecho de “uso” de una cosa con cierta limitación.

A mi aburrido creador le entretuvo mi creación, pero consiguió aburrir a sus descendientes con mi utilización, solo me emplean correctamente aquellos que tienen buena “visión,“ el resto, los que funcionan por oído, no saben quien soy.   



Bonita
septiembre 4, 2009, 1:02 pm
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Bonita

En el barrio Sunnyside de Queens  (N.York) hay un pequeño terreno entre el conjunto de casas continuas donde un roble de 10 metros de altura rodeado de matas y plantas alberga en su interior una colonia de ardillas.

Entre ellas una muy inquieta viva y ligera llamada Bonita.

Quiere ser bailarina y para ello practica todos los días saltos acrobáticos entre las ramas y carreras por cables telefónicos cuerdas ó bordes espinosos poniendo a pruebas su habilidad y sin que ningún obstáculo sea un impedimento para ella.

Una mañana soleada de otoño reflejó su imagen el cristal de la ventana del piso 1º-A situado frente al árbol y no le agradó comprobar su aspecto gris y deslucido.

Dispuesta a enmendar la situación se dirigió a la peluquería más cercana para realizar un cambio de color en la extremidad posterior del cuerpo ó espinazo.

Allí le sugirieron un Rojo-Burdeos a la vez que unos rizos para ensortijar el pelo de la cola.

Después de dos horas de anillos, tirabuzones y tintes quedó la obra acabada y Bonita agitó al aire su rabadilla con festividad verbenera.

Sin perdida de tiempo en pocos saltos subió a la rama del árbol y con satisfacción comprobó en el cristal los resultados obtenidos.

¡Estaba fantástica¡ que suave, rojiza y sugerente resultaba la cola con los rizos, aunque quizás…no guardaba conformidad y armonía en su conjunto con el resto del pelaje.

Aquella noche no durmió tranquila y al rayar el día, frenética saltaba de rama en rama con su banderín Rojo-Burdeos en alza.

La determinación no tardó en llegar.

Bonita no era un mamífero que perdiera el tiempo entre juicios y resoluciones contradictorias, necesitaba mejorar su semblante y para ello había varias posibilidades.

La primera era comprar un sombrero que cubriera con gracia la parte superior de su cabeza.

La segunda que sus dientes de masticación y defensa estuvieran recubiertos de un esmalte color Azul-Cobalto que reflejara una luz con destellos.

El profesional de dentadura no se hizo de rogar y al poco sus incisivos estaban resplandecientemente azulados.

El sombrero fue más complicado, la oferta era muy variada en la tienda de chinos y el quita y pon inevitable para decidir el más favorecido, al rato le dolía la cabeza y no ayudaba en su decisión las risitas de la dependienta.

El proyecto lo abandonó para otra ocasión y ligera regresó a comprobar el reflejo de la dentadura en el cristal.

Al llegar a su residencia se cruzó con Desiderio (siempre triste y siempre serio) el gato de la comunidad encargado de controlar la fecundidad de la colonia roedora, que asombrado de verla de esa guisa le maulló admirado ¡MIAU¡

Bonita al comprobar la sorpresa que despertaba se sintió complacida y con gracia lo rodeó entre saltitos y volteretas moviendo su cola con gestos estudiados para agradar.

-¡MIAU¡…¡MIAU¡…y tres veces ¡MIAU¡- repitió el gato lleno de admiración-.

Sin tiempo de aceptar mas cumplidos la ardilla corrió por bordes y listones hasta llegar al lugar deseado.

En esta ocasión el vidrio transparente de la ventana del piso 1º-A estaba cubierto de vapor como consecuencia del fluido aeriforme de agua que los frijoles producían en su ebullición en el fogón de la cocina.

Bonita movía su cola arriba y abajo sin percibir los rizos y el color Rojo-Burdeos en el cristal empañado.

Rabiosa le increpó:

-¿Qué se ha alterado en ti para no verme reflejada?…

-Nada – contestó el cristal – sigo siendo duro, frágil y transparente pero me adapto a las circunstancias de mi entorno dejando fluir en mí el agua cuando el ambiente lo requiere-

-Tonterías, no eres más que un majadero creado en serie que se deja manipular su aspecto sin hacer nada para impedirlo –

-Y tú ¿no?- le preguntó molesto por el insulto-

-¿Yo? soy de encargo, ligera e inquieta con aspiraciones de bailarina y he dejado de ser vulgar y gris por iniciativa propia-

El cristal reflexionó un instante, era parte de una ventana que se habría en la pared de la casa y ayudaba a crear en su interior un espacio vacío que permitía a éste ser habitado.

Su misión era ser poseído por existir, al igual que el vacío que no existía servía para cumplir su función.

Los frijoles se habían cocido, poco a poco volvía la trasparencia al frágil y a la vez duro vidrio.

Bonita daba saltos de contenta en la rama al verse de nuevo reflejada con destellos y color como un farolillo de luz.

-Para ser de encargo no es mucho lo que tu aportas -le recordó el cristal- volverás a ser vulgar y gris antes de cumplir tus sueños de bailarina, aunque quizás Desiderio (siempre triste y siempre serio) te añore en las noches de luna llena-

La ardilla no le escuchaba, a un cristal fabricado en serie no le quedaba otra alternativa que adaptarse a sus circunstancias pero ella crearía las suyas propias.

Los días soleados del otoño se alejaron dando paso al crudo invierno, el roble se convirtió en un refugio donde escaseaba la comida y abundaba el silencio. Bonita había perdido sus rizos de color Rojo-Burdeos, el resplandor azulado de sus dientes había decaído y junto con ellos sus aspiraciones de bailarina por falta de práctica en sus saltos acrobáticos.

El cristal frente a la rama se mantenía sin brillo continuamente empañado reteniendo el calor del hogar.

No importa ser creado en serie ó ser de encargo, el destino de cada uno pocas veces se deja influir por el propio deseo son las circunstancias que nos rodean las que nos forman y adiestran.                        



EL ENCIERRO
septiembre 4, 2009, 12:51 pm
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Txakurra

Llegó el verano y con él las fiestas patronales del pueblo.

El alcalde como todos los años decidió organizar los consabidos festejos y encierros taurinos.

Todas las mañanas la corporación municipal acudiría a la balconada del ayuntamiento para ver desde la misma el traslado de los toros por la calle principal al toril acompañados por las carreras y vocerío de los jóvenes.

Una vez allí permanecerían hasta la lidia de la tarde donde un torero esquivaría sus acometidas hasta darle muerte.

Las dificultades se presentaron a la hora de hacer el presupuesto, una y otra vez  el alcalde repasaba cuentas.

Era obvio  que la gran cantidad de dinero necesario para el evento no existía en las arcas municipales y la posibilidad de endeudarse llegaba tarde, se debía una considerable suma a la entidad bancaria por el préstamo concedido en la compra del nuevo pañuelo de seda bordado para la Dolorosa, en la última procesión de Semana Santa un exaltado se quitó con el que sostenía en la mano la Virgen los mocos, y no hubo manera de limpiar del mismo la materia viscosa con sus grumos.

Consciente del problema que se le presentaba y de la premura para solucionarlo decidió exponer su precaria situación económica al párroco D.Cosmín, al que el diminutivo se le aplicaba por ser chiquitín.

Acudió al territorio que estaba bajo su jurisdicción y tras un breve saludo sin demora le expuso la falta de liquidez del ayuntamiento y la necesidad de un milagro.

D.Cosmín le escuchó sin interrupción y ladeando la cabeza de izquierda a derecha le dijo:

  • Mal asunto si la solución tiene que venir de un milagro, hace 10 años que solicito yo crecer 20 centímetros y no se me concede.

El alcalde se decepcionó, si el párroco representante de Cristo en la tierra no era atendido, ¿qué posibilidad tenía un gordo, calvo, sudoroso y poco creyente presidente de un ayuntamiento?…

Sus problemas se agravaban por momentos.

Iba a retirarse secándose la calva abatido y  preocupado, cuando D. Cosmín le sugirió:

  • Hay otra posibilidad…

El pañuelo se deslizó poco a poco hasta su frente y unos ojos sorprendidos le interrogaron.

  • Si algo abunda en éste pueblo son perros…no te costaría ni un euro hacer un encierro con ellos.

  • “El tomate” tiene un Lebrel que utiliza para la caza de liebres.

  • “El marqués” un Galgo muy veloz para las carreras.

  • “El chato” un Chacal astuto como un zorro.

  • “Sonrisitas” la farmacéutica un Teckel de pelo raso.

  • Don Faustino el médico un Sabueso que es una variedad del Podenco con un olfato muy fino.

  • En mí casa hay un Mastín con cuerpo recio de pelo largo y en la tuya un Lobo enemigo del ganado.

Según iba dando el Sr. Párroco los sobrenombres de los vecinos a la vez que la descripción de sus perros, el alcalde asentía en silencio con la cabeza sin percatarse que al designar al médico el mote del “rata” por el que se le conocía no le fue impuesto y si el de Don.

Pequeña fruslería a tener en cuenta.

  • Todos ellos -continuó- tienen unos molares agudos y cortantes tan peligrosos como los cuernos del toro, el paso rápido para ir de una calle a otra en carrera, son carniceros con un finísimo olfato y  más inteligentes que sus dueños.

Al finalizar la descripción los dos estaban al unísono asintiendo con la cabeza el dictamen.

El milagro que urgía se había producido.

Este año en el programa de fiestas se haría público el encierro de perros, antes por supuesto habría que reunir a las partes afectadas para establecer las condiciones.

Fueron convocados precipitadamente “El marques” “El chato” “El tomate” “Sonrisitas” y Don Faustino en el salón árabe del ayuntamiento.

Con un breve resumen el alcalde les expuso la original idea de D.Cosmín y el planteamiento por falta de liquidez.

Hubo recelos, temor por parte de “Sonrisitas” que el pelo raso de su Teckel fuera perjudicado.

“El chato” aprobó la sugerencia sin pestañear, su perro no tendría ningún problema y sí quien se pusiera a su alcance.

Por fin la desconfianza desapareció cuando el alcalde le obsequió a cada uno, una caja de langostinos.

El programa de fiestas fue rápidamente redactado y expuesto en el tablero de anuncios con gran algarabía por parte de los jóvenes al conocer los cambios.

Mientras éstos reían el demonio planeaba su jugada bajo la sotana de D. Cosmín

Le sugirió al alcalde la conveniencia de colocar a cada perro una carlanca ó collar de púas pequeñas en el cuello, por aquello de poner más emoción al festejo.

Así se hizo, el artilugio molesto irritaba la piel de estos y pronto se tradujo en una agitación furiosa en sus ánimos. 

Estaban listos.

Hubo cantos con algunos cambios en la letra por parte de los mozos al comienzo del encierro.

  • “Si te ha mordido un perro ¡jodete¡ jodete¡… si te ha mordido un perro ¡jodete¡ ¡jodete¡”

Al son del cohete D.Cosmín con su sotana plegada y recogida en la cintura incitaba los perros a la carrera, el enojo de éstos hizo el resto, salieron a la calle principal dispuestos a todo.

El Galgo se puso al poco en cabeza con su cuerpo delgado y veloz, sus orejas largas colgantes se movían ya a un lado ya a otro, no tardó en dar alcance al torpe de “Culebrín” y cuando su hocico puntiagudo alcanzó la proporción carnosa izquierda del trasero de éste,  no pudo evitar el primer mordisco ni el correspondiente grito de dolor.

Fue solo el comienzo, el Chacal no era grande pero si listo, cuando su perseguido después de hacer burla disimuladamente quiso escapar subiendo la pierna a la valla de madera se percató en el último instante que el pantalón de su chándal a la altura del tobillo se encontraba en la parte posterior de la boca del perro, el impulso y ayuda de los que se encontraban tras la barrera no logró mas que en parte su propósito ya que el mozo llegó al otro lado sin él, mientras con gran algarabía por parte de todos vieron que el perro arrastraba por la calle la prenda como un estandarte.

Pronto comprendió el Lebrel que el objetivo no era la caza de Liebres.

Con su cuerpo largo y las piernas retiradas hacía atrás fue el último en tomar carrera pero a gran velocidad llegó a colocarse entre las dos rodillas del guapo del pueblo que corría con movimiento tardo y pesado, y de ahí a colgarse de las glándulas masculinas productoras de espermatozoides tardó unos segundos.

El grito de dolor se escuchó desde el Polideportivo situado a las afueras hasta el campanario y dejó un escalofrío entre sus habitantes.

Aquello iba en serio, el pecho ancho y las patas recias del Mastín se imponían como el prototipo perfecto de animal mamífero, pero como todo mamífero acorralado e intimidado atacaba en su propia defensa ladrando y chorreando espuma hasta por las cuencas de los ojos, a su lado con parecidas características físicas corría el perro Lobo sin diferenciar si el muslo ó parte de la pierna entre la cadera y la rodilla que mordía era de oveja ó de cabrón.

Solo el Teckel de “sonrositas” corría mas preocupado por la carlanca que irritaba su pelo raso del cuello que por las personas que le jaleaban.

Para cuando llegaron a la plaza cerrada los jóvenes habían sido diezmados.

En ella nadie les esperaba triunfante y bravo.

El circo donde en otras ocasiones lidian los toros de 600 kilos con su fiera cabeza armada de dos cuernos estaba vacío, media docena de perros irritados habían mordido, desbraguetado, desarrapado y vencido a todo el pueblo.

Los servicios de asistencia médica no daban abasto y el pequeño dispensario estaba desbordado, temerosos que la mordedura les contagiara la enfermedad de la rabia todos querían el tratamiento contra la hidrofobia y no disponían en el establecimiento.

Había que trasladarlos al hospital más cercano

D.Cosmin y el diablo celebraba con una sonrisita encubierta de astucia la situación anunciando con cautela que iba a dar orden al sacristán de preparar a los perros un caldero de sopa de sobre, al fin y al cabo éstos habían cumplido sobradamente su cometido y respiraron  sosegados cuando el monaguillo les retiró el collar molesto del cuello.

Para la hora del baile ya estaban todos de vuelta con el principio orgánico necesario en el cuerpo para evitar la enfermedad, mas los correspondientes parches, emplastos, vendas, puntos y suturas….

Fueron recibidos con aplausos, la incomodidad dolor y fastidio que sentían quedaron relegados ante los victorees de los paisanos, y ya las mozas se peleaban por bailar con el guapo del pueblo y su entrepierna blindada.

Como el hombre racional es el mamífero mas presuntuoso, con orgullo se vanagloriaba de su hazaña que había consistido en sacar a carrera abierta el bruto que había en el interior de cada uno, hasta que otro mamífero éste irracional, sin presumir ni ser arrogante le demostró que su poderío en igualdad de condiciones era muy limitado.



LA MARIONETA
julio 16, 2009, 3:51 pm
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MarionetaA pie de un frondoso bosque, Policarpo (Poli para los amigos) tenía un aserradero donde almacenaba madera sólida y leñosa de los árboles, que con mucho oficio cortaba y dividía para servir la demanda de sus clientes.
Aquella fría tarde del mes de Febrero estaba retirando con una pala el aserrín (conjunto de pequeñas partículas que se desprenden de la máquina de aserrar) acumuladas en el suelo, cuando al levantar la vista llamó su atención una pieza larga en rollo de un acebo que mantenía parte de sus hojas espinosas y verdes, resaltando entre los maderos apiñados en espera de ser utilizados, en el extremo derecho del aserradero.
No recordaba haberla visto antes.
Cuando la sostuvo entre sus manos, observó que la corteza desprendía la materia viscosa propia de la dura madera, y Policarpo sintió el impulso de crear con aquella pieza que parecía viva, un muñeco ó marioneta al que pudiera someter a su voluntad.
Rápidamente se puso manos a la obra y con habilidad aserró los pies en actitud de andar.
Sus brazos se estiraban para concluir en unos puños cerrados.
Por último el cuerpo, al llegar a la parte superior de éste, la cabeza fue recortada, esculpiendo los orificios de la vista, oído, gusto y olfato, e incorporando una pipa sujeta a la boca.
A modo de vestimenta informal con un pantalón de pana, jersey de rayas azul y blanco, visera con ala pequeña en su parte anterior donde con letras propagandistas se leía el lema: “se reparte leña”, quedó finalizando, su inspiración creativa.
Poli, lo examinó con atención, y quedó complacido de su obra, repartiendo con presteza varios cordones estratégicos en distintos puntos de su creación.
Lo más urgente era aplicarle nombre y después de barajar varios se dijo que Cirilo era el apropiado.
A continuación el improvisado artista dando prioridad a una u otra cuerda con sus grandes manos comenzó hacer mudanzas en los pies, cuerpo y brazos en orden y compás a Cirilo, obligándole a un baile o danza que lo ejercía con habilidad arte y primor.
A un lado quedó la madera pendiente de cortar en la sierra para completar los pedidos, satisfecho con la destreza que sus manos habían demostrado y no pudiendo ocultar su contento, decidió cerrar el negocio y bajar al pueblo para presentar y dar a conocer la marioneta a los vecinos.
Según avanzaban las horas, la sensación de frío se hacia creciente, cuando la furgoneta de Poli, con su creación escultórica Cirilo, aparcaron junto a la plaza, solo el alguacilillo se resguardaba bajo el soportal del ayuntamiento único inquilino de los mismos y sin dirigirle una sola mirada, se encamino hacía la taberna donde esperaba encontrar reunidos a sus los amigos.
No pudo ocultar su asombro una vez en ella al comprobar que tan solo el tabernero con su cara de perro lobo se encontraba junto al mostrador.
Con una sola frase en respuesta a su expresión interrogante le aclaró éste la situación.
• Están reunidos en el pleno del ayuntamiento.
• ¿Qué se debate?… preguntó Poli con interés.
• La alcaldesa ha propuesto hacerle un abrigo de punto acanalé azul marino para protegerle del frío éste invierno al perro de San Roque, al fin y al cabo el santo en su figura labrada se cubre con una capa hasta el suelo pero el perro da la impresión de estar necesitado de calor…
• ¡Aaaah…¡ exclamó Poli asombrado, no había considerado nunca la posibilidad de que el “chucho” tuviera frío.
Pero un instante después estaba preguntando:
• ¿Y la imagen de Jesús crucificado cubriendo solo sus partes pudendas con un pedazo de tela ó taparrabos no le hace suponer lo mismo?
La cara de perro de lobo le gritó:
• ¡Eso ya no entra dentro de sus atribuciones¡ El crucifijo está en la Iglesia y el párroco decide sobre él, la figura de San Roque y su perro están arrinconados en la oficina donde la corporación de la alcaldesa y los concejales se reúnen diariamente para la administración del municipio, y por último, ésta pertenece a la asociación de abrigo a los animales.
No había nada que discutir, verdaderamente el perro de San Roque tenía todos los votos a su favor para que le cubriese un abriguito de punto acanalé azul marino -reflexionó Poli en silencio- entonces recordó a Cirilo, ¿estaría suficientemente abrigado?
Decidió tomar parte en la asamblea y escuchar a políticos y deliberantes.
Un gesto de despedida al tabernero fue suficiente y saliendo del bar se dirigió con su marioneta bajo el brazo al salón de actos del ayuntamiento, tampoco ésta vez dirigió su mirada al humilde servidor municipal a la entrada en los soportales.
Todos los hombres del pueblo se encontraban reunidos.
El zapatero cuando le vio entrar se hizo a un lado en el banco corrido para dejarle un asiento junto a él.
Poli se lo agradeció con un ligero guiño a la vez que en un susurro le preguntó:
• ¿El perro de San Roque se va abrigar?…
Con un gesto afirmativo y sin levantar la voz el zapatero le respondió:
• El abrigo ha sido aceptado, pero no se ha llegado a un acuerdo sobre el color y el acanalé, ha quedado pendiente éste punto para la próxima sesión.
Con la marioneta apoyada sobre sus rodillas Poli se dijo a si mismo que era natural la decisión tomada, el abrigo era uno, pero en cuanto al color y el acanalé eran varios a escoger y no se sabría sin un estudio exhaustivo cual era el que favorecería mas al perro…ó al santo, y puestos hacer bien las cosas, hacerlas cabalmente.
La voz de la alcaldesa con el segundo punto del día le arrebató de sus pensamientos.
• Las arcas del ayuntamiento se hallan exhaustas y el presupuesto del ejercicio agotado por lo que se hace necesario un nuevo tributo ó impuesto entre los vecinos para llenarlas.
Un murmullo de desaprobación se escuchó en la sala, todos los años se planteaba la misma situación.
La alcaldesa sin dejarse impresionar en su ánimo por recelos de los presentes continuó:
• He decidido imponer un canon ó carga supletoria a quienes calcen
ZAPATOS NEGROS.
Con gesto instintivo todos los vecinos se miraron a los pies, Poli a los suyos y a los de Cirilo, la marioneta que descansaba sobre sus rodillas, sonrió, las zapatillas de cordones de ésta eran blancas y las suyas rojas con unas rayas azules en la puntera.
El zapatero que se sentaba a su izquierda en el banco corrido protestó:
• Tengo para la venta 7 pares de zapatos negros y con éste impuesto no voy a poder desprenderme jamás de ellos.
La alcaldesa que en cuestión de números era un lince sin dejarse impresionar por el comentario le respondió:
• Abona tú el canon y carga el tributo a partes iguales entre los pares de zapatos en venta, las personas que compren tu calzado, se creerán exentas en el pago del nuevo impuesto.
El zapatero no entendió nada…pero presentía que salía perjudicado.
Tampoco Poli tenía las ideas claras.
Ni los vecinos que continuaban mirándose los pies sin dejar de discurrir o reflexionar.
¿Era necesario para abrigar el perro de San Roque pagar por calzar zapatos negros?…
La máxima autoridad daba por zanjada la cuestión y aprobado el cobro del nuevo canon y antes de que los asistentes reaccionaran añadió:
• Queda finalizada la sesión con los dos puntos del día aprobados, gracias por su asistencia y buenas tardes a todos.
La comisión se retiró del salón de plenos rápidamente, y allí quedaron los vecinos, varios de ellos soltándose los cordones de los zapatos dispuestos a ir descalzos a casa antes de abonar un impuesto tan discriminatorio.
Subió el alguacilillo desde los soportales, y crecido en su autoridad e importancia, comenzó a acompañar hacia la puerta de la calle a los más remolones, llegando incluso a propinar algunos empujones a los más indecisos a su evacuación.
Poco después la taberna vibraba de voces trémulas y rabiosas.
• ¡Nos dejamos dominar por una mujer!…afirmó con enojo el zapatero.
Poli, apoyando a Cirilo sobre el mostrador le respondió:
• La mujer mordió la manzana del paraíso terrenal diez minutos antes que el hombre…desde entonces siempre a mantenido esos diez minutos de ventaja sobre él.
Todos convinieron con un gesto afirmativo el dictamen realizado por el aserrador.
Al poco tiempo, teniendo por mudo testigo el porrón de vino tinto, quedó zanjado el tema, fijando su atención, el zapatero preguntó señalando la marioneta:
• ¿Y éste?…
• .Es Cirilo, creado por mí con la madera dura del acebo y como nosotros sometido a la voluntad de otros.
Y diciendo esto Poli, desplegó las cuerdas extendió la marioneta y comenzó a mover los pies y brazos de ésta al compás de un silbido pegadizo que producía él soplando con su boca.
Pronto quedaron todos los vecinos cautivados y llenos de admiración formando un espacio más o menos circular y batiendo palmas con entusiasmo.
Ante tanta exaltación y fogosidad de ánimo los dos se esmeraban sudorosos y colorados, el primero silbando y moviendo con destreza las manos y el otro bailando y brincando haciendo la delicia de los concurrentes.
Cuando finalizaron se prodigaron los aplausos en señal de aprobación, a la vez que una jarra de cerveza le era entregada a Poli y la pipa de Cirilo fue recargada de tabaco.
El primero bebió de un trago la porción líquida, retirando con la manga de la camisa el sudor de su frente y cuando una bocanada de humo fue expulsada de la boca y nariz del títere ninguno de los de allí presentes se extrañó.
Pero apenas repuestos comenzaron a demandarles imperiosamente una nueva actuación… y otra…y otra, agradeciendo el esfuerzo que realizaban con mas cerveza y tabaco.
Al rato, Poli y Cirilo borracho el primero y mareado el segundo, agotados y despatarrados en el suelo, mas abierta de piernas la marioneta que su ejecutor, trataban de recobrarse y volver en sí, pero la algarabía que llegaba hasta ellos confusa y desentonada no ayudaba en el propósito.
Por fin llegó la calma.
El zapatero le ayudó a Poli a levantar y sujetarse de pie, aquí y allí se veían zapatos negros pisoteados, el tabernero de cara de perro lobo los amontonaba con la escoba desganadamente.
Al trasladar la marioneta del suelo al mostrador comprobó en ésta el pantalón desgarrado, la pipa quemada por el exceso de tabaco consumido, la visera con el ala e inscripción “se reparte leña” torcida hacia atrás y de la oreja derecha colgando un pendiente largo que no recordaban en que momento le fue colocado.
Su estado personal no era mejor, le habían arrebatado sus zapatillas rojas con rayas azules en las punteras y sus pies exhibían unos calcetines agujereados por donde asomaban los dos dedos gordos sucios acompañados de unas uñas que más parecían pezuñas.
Poli se frotó la cabeza y al hacerlo fue consciente del dolor en ésta, nunca había aguantado bien el exceso de alcohol.
Un sentimiento de ridículo lo invadió al mirar las partes prolongadas en que terminaban sus pies.
Revolvió entre los zapatos amontonados por cara de perro lobo hasta encontrar un par con los que proteger sus extremidades mientras refunfuñaba…
• ¡ Qué venga la jodida alcaldesa a cobrarme el impuesto porque son negros¡
Después hizo un esfuerzo por sujetar al malogrado Cirilo y con él bajo el brazo salió del bar precedido por el zapatero.
Ya en la calle, el viento frío le recordó su dolor y un escalofrío le pareció percibir desde el codo hasta la muñeca allí donde se encontraba apoyada la marioneta.
Llegaron hasta la plaza y antes de subir a su furgoneta despidió al vecino desafortunado afirmando:
• Con un trozo de madera fabriqué a Cirilo y lo sometí a mi voluntad sin reconocer que los vecinos de éste pueblo y yo, estamos subordinados a la decisión de la alcaldesa, y que la presidenta de éste ayuntamiento atrapada por las arcas vacías, sometida a intentar llenarlas… todos somos marionetas de nuestra propia existencia intentando manipular la vida de los demás para justificar la nuestra.
Después de los dos minutos de filosofía se despidió con un par de ruidosos besos en la mejilla al zapatero, volviendo mas torcido que derecho al aserradero.
Una vez en él, dudó entre dejar a Cirilo junto a los maderos apiñados en el extremo derecho ó llevarlo a casa, se decidió por esto último, le había cogido cariño aquel muñeco desaliñado que le acompañaba en sus momentos de filosofía y borrachera.
Esbozó una risita suave y sin ruido al recordar lo ocurrido en el ayuntamiento, tendría que pagar impuesto por calzar zapatos negros de seguir con los prestados…le dolía la cabeza por el exceso de vino…pero a pesar de todo había sido un buen día, había creado algo desde una materia a la que llamó Cirilo, es decir, consiguió una transformación dando vida a un ser, que antes no la disponía y según sus amigos, eso solo era propio de un Dios.